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Ánimo Para la Mujer - La Semana del 26 de Septiembre

  • 2012 Sep 26
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SI DIOS ME AMA, ¿POR QUÉ…?

Renee Swope

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”Jeremías 29:11 (NIV)

Lectura:

Poco después de que entregué mi vida a Cristo, empecé a lidiar con cosas dolorosas de mi pasado que me hacían dudar las promesas de Dios para mi futuro. Me preguntaba: Si Dios me ama, ¿por qué ha permitido tanto dolor en mi vida?

Si él me amaba, ¿por qué Dios permitió que mi familia se rompiera por culpa del adulterio y un divorcio, que se destrozara entre la confusión y el caos, que se sacudiera por las adicciones a las drogas, al alcohol y mucho más? ¿Y por qué no impidió el dolor que todo eso me trajo, o por qué no me alejó de la oscuridad de la depresión?

Una tarde encontré valor para contarle a mi amiga Wanda mis dudas y preguntas. Me sorprendió que ella no me diera una respuesta condescendiente, sino que me miró mostrándome con sus ojos que entendía, y me dijo que lo sentía. Luego me contó su historia, la cual incluía muchas decepciones y desengaños. Aún así, no sentí duda o dolor en sus palabras. En lugar de eso, sentí confianza y esperanza.

Al pasar las páginas de su Biblia hasta el capítulo 29 de Jeremías, Wanda me leyó el versículo clave de hoy como una promesa para mí: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”

Ella entonces me dijo que Dios quería sanar el dolor de mi pasado y usar mis experiencias para pavimentar el camino de sus planes para mi futuro. Pero yo no quería que Dios usara mi dolor o mi pasado. ¿Cómo podría todo eso hacer algo bueno para alguien, y en especial para mí?

¿Alguna vez te has sentido así por tu dolor o tu pasado? ¿Alguna vez te has preguntado: “Si Dios me ama, ¿entonces por qué…?”?

Este es el tipo de preguntas que pueden persistir en nuestros corazones cuando hemos sido heridas y decepcionadas. Las heridas que no han sido sanadas pueden generar sentimientos de amargura y cautiverio.

Pero en la seguridad de una relación con Jesús, Dios nos invita a hacer preguntas difíciles y buscar respuestas que nos conduzcan a la profundidad de su amor redentor y su poder sanador.

¿Puedo susurrar algo de esperanza a tu corazón hoy? Si estás viva y respirando, tu propósito aún no se ha realizado. No importa lo que hayas hecho o lo que te hayan hecho a ti, Dios tiene un plan para tu vida.

Entonces, ¿cómo puedes descubrir esos planes? Leamos la premisa que sigue a la promesa en Jeremías 29. Después de que Dios declara que él conoce los planes que tiene para nosotros, dice: “Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón.” (Versículos 12-13)

Nosotras encontramos los planes de Dios cuando nos entregamos a él cada día. Es un proceso paso a paso que implica ir hacia él, hablarle, creer que él escucha y dejarlo amarnos y llevarnos a un lugar de esperanza y sanidad.

El amor de Dios no es una solución rápida a nuestras heridas, pero tiene el poder para redimirnos y devolvernos una esperanza confiada. Cuando permitimos que el Espíritu Santo caiga sobre nosotras como agua de vida sobre nuestro dolor, él puede sanar nuestros corazones desde adentro.

Mientras procesemos el dolor de nuestros ayeres y vivamos entre las decepciones de hoy, las dudas pueden irse acercando sigilosamente, amenazando con robarse nuestra esperanza. Pero cada vez que eso pase, nosotras podemos detenernos y buscar a Dios en ese lugar. Le podemos pedir que nos muestre su propósito revelando la verdad sobre quiénes somos y por lo que hemos pasado que nos ha hecho empezar a dudar.

Entonces le podemos pedir que nos ayude a redefinir nuestro futuro, no solo mediante el filtro de nuestro pasado y nuestro dolor, sino mediante el poder de su verdad que da vida. ¿Sabe qué pasa cuando hacemos eso paso a paso, día a día, duda tras duda? Dios nos dice en Jeremías 29:14: “Me dejaré encontrar —afirma el Señor—, y los haré volver del cautiverio.”

Nosotras lo encontramos una y otra vez. Encontramos al Único que desea guiarnos fuera del cautiverio de nuestras dudas hacia un lugar de libertad y esperanza. Yo sé que esto es cierto porque he pasado por ahí, he peleado con él, me he resistido y finalmente me he rendido a él.

El amor de Dios no solo es infalible, también redime y restablece. ¡Su verdad llega hasta el fondo de nuestras batallas dando propósito a nuestro dolor, redención por nuestro pasado y esperanza para nuestro futuro!

Señor, sana mi dolor y dame esperanza mientras aprendo a confiar en los planes que tú tienes para mí. Hoy voy hacia ti y te busco con todo mi corazón. Por favor, libérame de mis dudas y guíame a un lugar de esperanza confiada. En el nombre de Jesús, amén.

Reflexiona y responde:


“Si estás viva y respirando, tu propósito aún no se ha realizado. No importa lo que hayas hecho o lo que te hayan hecho a ti, Dios tiene un plan para tu vida.”

¿El dolor de tu pasado hace que sea difícil creer en las promesas y los planes de Dios para tu futuro?

 

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Versículo poderoso:

Salmo 71:5, “Tú, Soberano Señor, has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud.” (NIV)

© 2012 de Renee Swope. Todos los derechos están reservados.

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