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Ánimo Para la Mujer - La Semana del 9 de Octubre

  • 2013 Oct 09
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SANAR TU MATRIMONIO

Stephanie Clayton

 “—Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua —contestó Jesús—, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida.” Juan 4:10 (NVI)   

Lectura:

Yo lo intento con todas mis fuerzas, ¿y para qué? De todos modos no consigo nada.

Las cosas nunca van a cambiar. He estado orando por años. Estoy lista para darme por vencida.

Quizá es que me casé con la persona equivocada. ¿Por qué tengo que quedarme en un matrimonio en el que soy tan miserable?

Sólo quiero que él me note…

Estas son las lamentaciones de una esposa agotada y emocionalmente desgastada. ¿Cómo lo sé? Porque he estado en esa situación.

Los primeros ocho años de mi matrimonio fueron duros. Mi esposo y yo éramos muy jóvenes y era muy difícil tomar decisiones y hacer nuestra vida juntos en general. Él quería una cosa y yo otra. ¿Seríamos capaces de ponernos de acuerdo? ¿Sería él capaz de satisfacer todas mis necesidades? Tan desesperada estaba por ser feliz que empecé a resentirlo a él en lugar de lidiar con la verdadera fuente de mi tristeza y falta de plenitud: mi pasado.

Yo empecé mi matrimonio cargando con mucho dolor de un pasado que me rehusaba enfrentar. Sin ser realista pensé que después de casada este dolor desaparecería. Pero no sucedió así. El dolor continuaba. Y me volví amargada con mi esposo porque él no era suficiente para arreglar los errores de mi vida.

Pero la verdad es que no era responsabilidad de mi esposo ser la fuente que lo cura todo. Aun si él lo hubiese intentado, nada ni nadie en la tierra podría haber arreglado el dolor ni llenado mi vacío. No, tenía que encontrar mi sanidad y esperanza en algo más. La respuesta a mi insatisfacción la encontré en el capítulo 4 de Juan en la historia de otra mujer infeliz.

Un día esta mujer, que había estado casada cinco veces y que ahora vivía con otro hombre, fue a sacar agua de un pozo. Ahí se encontró con Jesús. Jesús, que vio claramente sus heridas y su dolor, y reconoció el deseo de su corazón de ser amada, compartió con ella esta verdad que transformó su vida:

“Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida… El que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás” (Juan 4:10, 14a).

Jesús la invitó a tener una relación con él. No porque él quisiera tomar el lugar de cualquier hombre o esposo en su vida, sino porque quería tener una posición aún más alta en su corazón. Él le ofreció ser su salvador, el que todo lo satisface.

Jesús invitó a esta mujer con el corazón sediento a beber de él y a refrescarse, animarse, revivir, sentirse consolada, y mucho más. Él le aseguró que en él, ella no volvería a sentir sed otra vez.

Con mucha frecuencia recurrimos a nuestros esposos (o a otras personas, posiciones o posesiones) con expectativas irreales, queriendo que ellos ofrezcan lo que solo Cristo puede hacer: sanidad perfecta, amor interminable, y apoyo suficiente.

Pero cada matrimonio tiene sus etapas. Habrá momentos en los que te sientas profundamente plena, y habrá momentos en los que te sientas desolada y vacía. Por eso es muy importante recurrir a Cristo para encontrar tu valor y plenitud. Él es tu único salvador.

¿Cómo logras esto? Dedica tiempo a conocerlo, ¡justo como tú llegaste a conocer a tu esposo cuando estaban de novios! Estudia la Biblia, ora y pasa tiempo a solas con Dios diariamente. Reemplaza tus pensamientos de duda, de falta de valor o de desprecio con la verdad que encuentras en las escrituras.

Con el tiempo, Dios sanó nuestro matrimonio. Tuve que ir a terapia para lidiar con mi pasado, y mi esposo fue aconsejado por un mentor cristiano. Al ir empezando a encontrar satisfacción personal en nuestras relaciones individuales con Cristo, simultáneamente nosotros empezamos a crecer más cerca el uno al otro. El primer paso para restaurar nuestro matrimonio, sin embargo, fue aceptar la exclusiva invitación del Señor para que bebamos del agua que solo él provee.

¿Lo aceptarías hoy también? Él te está ofreciendo agua que da vida. Bebamos profundamente y permitamos que la sanidad comience.

Padre, gracias por enviar a tu hijo, Jesús, para que tenga una relación conmigo. Ayúdame a buscarlo y a encontrar mi satisfacción en él solamente. Mientras eso ocurre, por favor sáname a mí y a mi matrimonio. En el nombre de Jesús, Amén.

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Reflexionar y responder:

Haz una evaluación honesta: ¿esperas que tu esposo mejore el dolor de tu pasado, te llene y sea tu fuente de felicidad?

Hoy dedica algo de tiempo para conocer a Jesús estudiando las Escrituras y orando.

Versículos poderosos:
Isaías 55:1, “¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno.” (NVI)

© 2013 de Stephanie Clayton. Todos los derechos están reservados.

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