¿POR QUÉ INQUIETARNOS? 
 
Cuando comenzamos a ganar nuestro sustento, quizás estimemos que es a causa de nuestro propio esfuerzo y trabajo.
 
Pensamos que lo merecemos. Pero no olvidemos que el alimento es un don de Dios. Él no sólo nos da la salud y las fuerzas para trabajar y alimentarnos, sino también de la fertilidad a la tierra. “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” (1 Corintios 3:7).
 
Pidámosle, pues, que provea cada día para las necesidades de nuestro cuerpo. Y no dejemos de agradecerle por lo que nos da. Él es un Padre benévolo y fiel a sus promesas.
 
¿Por qué inquietarnos? Un niño pequeño no se preocupa por saber cómo conseguir su alimento. Sabe que sus padres le darán lo que necesita.
 
Esperemos en Dios con la misma confianza. Por más difíciles que sean las condiciones de nuestra existencia, entonces Alabaremos a Nuestro Dios por su fidelidad, pues Él suple todas nuestras necesidades, físicas y espirituales.
 
Nadie puede pedir su alimento y olvidarse de quienes no lo tienen. Que en su sabiduría y gracia, el Señor nos haga capaces de pedir, recibir y compartir “el pan de cada día”.
 
Algún día podremos decir como David: “Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni descendencia que mendigue pan” Salmos 37:25.
 
 
Telma Céspedes
Departamento RDS
El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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