Regresa a sus brazos
 
CVC La Voz El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Proverbios 28:13
 
Cuenta la historia que un hombre tenía dos hijos. El hijo menor le dijo al padre: “Quiero la parte de mi herencia ahora, antes de que mueras”. Entonces el padre accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos. Pocos días después, el hijo menor empacó sus pertenencias y se mudó a una tierra distante, donde derrochó todo su dinero en una vida desenfrenada. Al mismo tiempo que se le acabó el dinero, hubo una gran hambruna en todo el país, y él comenzó a morirse de hambre. Convenció a un agricultor local de que lo contratara, y el hombre lo envió al campo para que diera de comer a sus cerdos. El joven llegó a tener tanta hambre que hasta las algarrobas con las que alimentaba a los cerdos le parecían buenas para comer, pero nadie le dio nada. Cuando finalmente entró en razón, se dijo a sí mismo: “En casa, hasta los jornaleros tienen comida de sobra, ¡y aquí estoy yo, muriéndome de hambre! Volveré a la casa de mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de que me llamen tu hijo. Te ruego que me contrates como jornalero’”. Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de que me llamen tu hijo. Sin embargo, su padre dijo a los sirvientes: “Rápido, traigan la mejor túnica que haya en la casa y vístanlo. Consigan un anillo para su dedo y sandalias para sus pies. Maten el ternero que hemos engordado. Tenemos que celebrar con un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ahora ha vuelto a la vida; estaba perdido y ahora ha sido encontrado”.
 
Si por algún motivo te alejaste de Dios, arrepiéntete y vuélvete a Él, porque te sigue esperando con los brazos abiertos y el amor incondicional de siempre.
 
Huir nunca es la solución a los problemas. Se puede huir de los hombres y de las circunstancias, pero no se puede huir de Dios. El rey David escribió: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Salmo 139:7-12 Aunque trates de huir de Dios, Él mantendrá su mirada en ti.
 
Una vida sin pesares no significa que uno nunca necesite arrepentirse. Cuando pecamos, debemos ir más allá de sentir pena por nuestras acciones. Debemos avanzar hacia el arrepentimiento, apartarnos de los malos caminos y aferrarnos al perdón de Dios.
 
Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve… Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. Salmo 51:7,9-12 CVC La Voz
 
Brisna Bustamante
 
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