2 Kings 23:21-25

En la lectura de hoy:

La Pascua es restablecida; la profecía sobre la destrucción de Jerusalén y del templo; la muerte de Josías; la caída de Jerusalén; el cautiverio de Judá

Josías fue el último rey piadoso antes de la destrucción de Jerusalén. «E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda» (II de Reyes 22:2; II de Crónicas 34:2). Él destruyó todas las prácticas idólatras en Jerusalén y en Judá. «Y subió el rey a la casa de Jehová . . . y leyó, oyéndolo ellos, todas las Palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. . . . (Hizo) pacto delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían Sus mandamientos . . . Además derribó los lugares de prostitución idolátrica que estaban en la casa de Jehová» (II de Reyes 23:2-3,7).

Josías fue a más allá de Judá, hasta Betel, en el reino del norte controlado por Asiria, donde Jeroboam había edificado uno de los becerros de oro. «Y quebró las estatuas, y derribó las imágenes de Asera . . . envió y sacó los huesos de los sepulcros, y los quemó sobre el altar para contaminarlo, conforme a la Palabra de Jehová que había profetizado el varón de Dios» (profetizado unos 300 años antes) (23:14-16; I de Reyes 13:1-3).

«Entonces mandó el rey a todo el pueblo, diciendo: Haced la Pascua a Jehová vuestro Dios, conforme a lo que está escrito en el libro de este pacto. . . . Asimismo barrió Josías a los encantadores, adivinos y terafines, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, para cumplir las palabras de la Ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová . . . » (II de Reyes 23:21,24).

Los últimos cuatro reyes que sigueron a Josías fueron todos malvados, reyes títeres, establecidos y sujetos primeramente a Egipto y después a Babilonia.

Finalmente, Nabucodonosor marchó su ejército hasta Judá y sitió a Jerusalén, y los llevó al punto de morir por hambre. Los babilonios forzaron a Sedequías a mirar cuando mataron a sus hijos. «Degollaron a los hijos de Sedequías en presencia suya, y a Sedequías le sacaron los ojos, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia» (25:7).

La destrucción del gran glorioso reino de Judá y el templo de Salomón nos recuerda que aun la más grandiosa nación sobre la tierra hoy en día, con toda su riqueza, su poder militar, y su defensa nuclear, por muy poderosa no podrá sobrevivir — sin importar las muchas oraciones del pueblo — si continúa ignorando la Palabra de Dios (23:25-27). «El que aparta su oído para no oír la Ley, su oración también es abominable» (Proverbios 28:9).

Pensamiento para hoy:

Una nación prospera cuando es fiel a Dios.

Lectura opcional: Romanos 13

Versículo de la semana para aprender de memoria: II de Corintios 5:21