Lea Acts 4

En la lectura de hoy:

Pedro y Juan son encarcelados; los creyentes comparten sus posesiones; Ananías y Safira; los siete ayudantes elegidos; el arresto de Esteban

La lealtad hacia el Señor y el amor de los unos con los otros corrían por toda la primera iglesia «Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. . . . (Porque) todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad» (Hechos 4:32,34-37). Sin duda, esto fue de gran ánimo para la congregación porque casi todos los judíos que habían confesado a Jesús como el Mesías probablemente habían perdido sus trabajos. No hay ninguna mención de que a ellos se les requería vender sus propiedades o compartir sus riquezas.

Ananías y su esposa Safira también vendieron una heredad; pero ellos dieron sólo parte del dinero a la iglesia y al mismo tiempo proclamaron que ellos habían dado todo el dinero tal y como otros habían hecho (5:1-2). La propiedad era de ellos para hacer con ella lo que querían. Todo lo que se daba se hacía voluntariamente (5:4). Pero, esta «generosa ofrenda» de Ananías y Safira había sido una mentira al Cuerpo de Cristo — la iglesia (Juan 8:44; Apocalipsis 21:8; Jeremías 17:9).

El problema de hoy en día es aun más serio, no porque los cristianos se quedan con el dinero de las ventas, pero porque muchos se niegan a dar aun el diezmo (10%) de todas sus ganancias, que es lo mínimo que Dios requiere para el ministerio de Su Palabra. El diezmo no es una opción que se nos da; es una deuda que debemos. Dios justamente es el dueño de todo lo que Él creó, pero Él sólo requiere que le demos otra vez a Él la décima parte de todo lo que Él ha puesto en nuestro cuidado, y así reconocemos que somos solamente administradores de Su propiedad. Este principio fue demostrado por Abraham unos 500 años antes que la Ley fuese dada (Génesis 14:20; Hebreos 7:1-2). Después, la Ley demandó «Y el diezmo (el 10%) de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada (separada) a Jehová» (Levítico 27:30).

El Espíritu Santo también dirigió a Lucas a escribir que nadie puede dar más que Dios, pues Dios dijo: «Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir» (Lucas 6:38).

Pensamiento para hoy:

Nada es imposible. Vamos a poner nuestra confianza en Dios (ver Filipenses 4:13).

Versículo de la semana para aprender de memoria: Tito 3:3