1 Chronicles 6

En la lectura de hoy:

Los descendientes de Leví; los que estaban sobre el servicio del canto y sobre todo el ministerio del tabernáculo; los descendientes de Aarón; las ciudades de los levitas; las numerosas genealogías

Esta larga genealogía en estos capítulos, aunque parezca de poco interés, revela que Dios no mira a la humanidad como justamente una multitud de personas que se multiplican sobre la faz de la tierra. El nombre de cada sacerdote, junto con su familia y la tribu a la cual pertenecía, fue cuidadosamente registrado. En gratitud por su liderazgo espiritual, las otras tribus recibieron la responsabilidad de mantener a los levitas que vivían dentro de sus comunidades por medio de los diezmos y de las ofrendas. Aquí vemos un impresionante contraste en el carácter de los hombres menciondos en estos capítulos. Algunos estaban bien dedicados a sus responsabilidades dadas a ellos por Dios, mientras que otros despreciaban su santo y supremo llamamiento.

En la lista para primeramente considerar está el sumo sacerdote, quien tenía que ser escogido solamente de la familia de Aarón (I de Crónicas 6:3). Aarón, Eleazar e Itamar fueron bien dedicados a su llamamiento como sacerdotes, pero los dos hijos mayores de Aarón, Nadab y Abiú, fueron matados por el fuego de Dios cuando ellos ignoraron el mandamiento de Dios. Samuel fue un juez piadoso, pero: «Los hijos de Samuel: el primogénito Vasni, y Abías» (6:28) fueron malvados. Por muchos años, Abiatar fue un sumo sacerdote bien dedicado, pero después de un tiempo llegó a ser un traidor a David (I de Reyes 1:5-7; 2:26-27).

Cuando miramos a nuestro alrededor, vemos a algunas personas que, al principio, parece que son benditos con talentos extraordinarios como estos cinco hombres aquí mencionados; pero en verdad, cuando fueron probados, ellos perdieron sus posiciones y oportunidades espirituales.

Dios está de igual manera ocupado con cada uno de nosotros hoy en día tal y como fue con los israelitas de aquel entonces. « . . . y a Sus ovejas llama por nombre, y las saca» (Juan 10:3). Cada israelita que volvía del cautiverio de Babilonia fue individual y cuidadosamente registrado para asegurar su participación en la adoración en el templo (Esdras 2:2-63). Para llegar a servir al Señor en la eternidad nuestros nombres tienen que estar inscritos en el libro de la vida. «No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27).

Pensamiento para hoy:

Su nombre es escrito en el libro de la vida cuando usted recibe a Jesucristo como su Salvador.

Lectura opcional: Romanos 16

Versículo de la semana para aprender de memoria: II de Corintios 8:9