Esther 8

En la lectura de hoy:

Ester ruega para cambiar el decreto de Amán; los enemigos de los judíos son destruidos; la fiesta de Purim es instituida; Mardoqueo llega a grandes honores

Los «consejeros sabios» de Amán habían «echado suerte» (Pur) para determinar el tiempo más favorable para asesinar a todos los judíos. El «día de la suerte» para Amán fue el día trece del mes duodécimo (Ester 3:7-13; 9:1,24). Amán se sintió muy afortunado que la suerte había caído en el último mes del año, pues pensó que así iba a tener suficiente tiempo para planificar su malvado plan de exterminar a todos los judíos del reino.

El día puesto para la matanza, el cual llegó a llamarse Purim (suerte), llegó a convertirse en vez de un día de muerte a un día de rescate por la intervención de la providencia de Dios. Amán no sabía que el Dios de Mardoqueo es el Dios que tiene el control de todos los asuntos de este mundo. Aun cuando «(la) suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella» (Proverbios 16:33).

Siguiendo la muerte de Amán, el rey permitió que Mardoqueo escribiera un nuevo decreto dándole a los judíos el derecho a defenderse.

«En el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían» (Ester 9:1). El libro de Ester muestra cómo Dios usa los siervos fieles para cambiar las situaciones de este mundo y así cumplir con Su Palabra.

En los días de paz y prosperidad, todos nos sentimos menos propensos a buscar la presencia de Dios. Pero, cuando nuestra situación parece ser crítica, buscamos Su presencia, y cuando así milagrosamente interviene, le adoramos por Su protección misericordiosa y Su provisión.

Ester es un buen testimonio al hecho que, aun en una sociedad secular y dominada por los poderes mundanos, nuestro Dios puede proteger a Su pueblo. Pero, Él espera que todos nosotros, como Ester, respondamos con valentía en fe y en contra los «Amanes» de este mundo.

La paz y satisfacción de la cual Mardoqueo y Ester tuvieron con gozo, sólo se puede experimentar por aquellos que comparten la compasión de nuestro Señor por un mundo perdido. Toda persona tiene derecho a conocer cómo ser salva. Jesucristo nos dijo: « . . . nadie viene al Padre, sino por Mí» (Juan 14:6).

Pensamiento para hoy:

No hay ningún pecado que engañe más que el orgullo.

Lectura opcional:

Gálatas 3

Versículo de la semana para aprender de memoria: Eclesiastés 5:4