Job 5

En la lectura de hoy:

La reprimenda de Elifaz continúa; la respuesta de Job; Job reprocha a sus amigos; la teoría de Bildad sobre las aflicciones de Job

Después de una semana entera de contemplación silenciosa sobre el sufrimiento de Job, Elifaz, su amigo más viejo, habló primero (Job 2:13). Él trató de convencer a Job que tenía que confesar su pecado secreto, diciendo: «He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso (El Shaddai)» (5:17). Elifaz entonces continuó su discurso sobre las bendiciones que Job podía esperar si sólo confesaba su pecado, y confidentemente terminó diciendo: «He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así; óyelo, y conócelo tú para tu provecho» (5:27).

Además de todo el sufrimiento físico de Job, sus pérdidas financieras, la muerte de sus hijos, y la amargura de su esposa contra Dios, sus tres amigos habían formulado conceptos erróneos sobre su integridad, y persistían en acusarle día y noche. Job sintió el aguijón amargo de la condenación de Elifaz cuando insinuó que Job era un hipócrita. Job no entendió por qué Dios no vino a su defensa. Aun peor, le parecía que él había sido echado por tierra por « . . . las saetas del (Shaddai) Todopoderoso» (6:4). Sin embargo, los sufrimientos de Job revelaron su discernimiento espiritual: «¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él Tu corazón, y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes?» (7:17-18).

Nosotros también reconocemos lo insignificante que son nuestras vidas cuando las comparamos al Eterno, Santo, y Todopoderoso Dios. Aunque Él nos creó, por nuestra naturaleza fuimos manchados por el pecado y nos merecemos el castigo eterno. Pero, por medio del milagro del nuevo nacimiento, podemos recibir el gozo de estar eternamente con nuestro amoroso Creador. Sin embargo, todos los que rechazan a Jesucristo como su Salvador personal y Señor serán « . . . lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda» (Apocalipsis 20:14-15).

No es la voluntad de nuestro Padre Celestial « . . . que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (II de Pedro 3:9). Sin embargo, Dios nos prueba — sea con aflicciones o con bendiciones. A través de todas las situaciones Dios está buscando cómo desarrollar en nuestras vidas un amor genuino y una completa dedicación a Él.

Todo lo que Dios hace y permite últimamente es para nuestro bien. «Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en Él, sino también que padezcáis por Él» (Filipenses 1:29).

Pensamiento para hoy:

Cada prueba nos da la oportunidad para acercarnos a Dios y hacer de nosotros la persona que Él quiere que seamos.

Lectura opcional:

Gálatas 5

Versículo de la semana para aprender de memoria: Eclesiastés 5:4