Acts 20

En la lectura de hoy:

La misión de Pablo a Macedonia y Grecia; la resurrección de Éutico de entre los muertos; el mensaje a los ancianos en Éfeso; Pablo es arrestado en el templo

El apóstol Pablo se reunió en Mileto con los ancianos de la iglesia en Éfeso, diciendo: «Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo (excepto) que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio (afirmar solemnemente) del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:22-24).

El Espíritu Santo que mora en nuestras vidas nos dará la fuerza para resistir nuestras pruebas y tentaciones tal y como lo hizo para el apóstol Pablo. Jesucristo les prometió a todos los creyentes: «Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté (more) con vosotros para siempre» (Juan 14:16). Dios no nos ha dejado solos, sino que somos «fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu» (Efesios 3:16). Con la seguridad de la Presencia del Espíritu Santo que mora en nosotros podemos enfrentarnos a la vida con la certeza que tenemos un futuro con Él. Esto nos permite gozarnos de una profunda paz interna que procede de Dios (Juan 14:27). Nosotros entonces experimentamos gran contentamiento que «sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4:7), cual paz las circunstancias de esta vida no pueden afectar. Porque Dios, quien es misericordioso y amoroso, mora en nuestras vidas, nosotros podemos responder con amor y misericordia para todas las personas y hacer desvanecer todo prejuicio, celo, odio, y envidia. Ninguna oposición puede robarnos de la paz que Dios nos da cuando permitimos que Cristo nuestro Rey reine sobre nuestras emociones. Aunque anteriormente no le habíamos permitido a Cristo gobernar nuestras emociones, ahora podemos decir: «Aunque todavía no soy lo que debo de ser, ya no soy lo que antes era; gracias a Cristo, estoy llegando a ser lo que Dios propuso que yo fuese».

El crecimiento espiritual viene cuando damos, no sólo de las cosas materiales, pero también de lo que las personas verdaderamente necesitan: de nuestro amor, de nuestro perdón, y de nuestro entendimiento. Al hacer esto, estamos llegando a ser más y más como Jesucristo. Pablo nunca denunció las maldades del emperador romano Nerón, pero sí sabemos que él oró por Nerón. Aun siendo un prisionero en Roma, Pablo escribió: «Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia . . . Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (I de Timoteo 2:1-4).

Pensamiento para hoy:

«Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él» (Salmo 118:24).

Versículo de la semana para aprender de memoria: Romanos 6:13