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El Camino Bíblico - 18 de Abril

  • 2014 Apr 18
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2 Samuel 19

En la lectura de hoy:

Joab reprende a David; David regresa a Jerusalén; la rebelión de Seba

Absalón había sido un traidor que sólo quería destruir a su padre para llegar a ser rey. La batalla terminó cuando Joab mató a Absalón.

Los soldados de David volvieron esperando una celebración; en vez oyeron que el rey estaba llorando y « . . . clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!» (II de Samuel 19:4). Agobiado por el dolor, el rey David ignoró sus fieles seguidores que lo habían defendido. La victoria de aquel día se cambió en lamentos y los soldados volvieron como « . . . pueblo avergonzado que ha huido de la batalla» (19:3).

David se había enfrentado a muchos dolores en su vida. Cuando el primer hijo de Betsabé se enfermó, David ayunó y oró. Entonces, cuando recibió la noticia de que el niño había muerto, David confidentemente dijo: « . . . Yo voy a él, mas él no volverá a mí» (12:23). David sabía que el cielo iba a ser mucho más precioso porque su hijo estaba con el Señor. Pero en este caso, David no mencionó tener alguna esperanza de ver a Absalón en el cielo.

David probablemente pensó que si Joab le hubiese dado otra oportunidad quizás él hubiese cambiado su malvado camino. Pero, si Absalón hubiese quedado vivo, él hubiese sido un competidor fuerte contra Salomón, quien iba a ser el escogido por Dios para tomar el lugar de David como rey de Israel.

Todos nosotros, a veces, somos responsables por las adversidades y las penas que experimentamos. Es también algo natural cuando nos condenamos por nuestras faltas y fracasos, o culpamos a otros por nuestras desilusiones.

Todos nosotros también pasamos por situaciones que están fuera de nuestro control. Como David, podemos estar afligidos mucho más tiempo que lo debido. Si estamos lejos de la voluntad de Dios, necesitamos arrepentirnos de nuestros pecados, pedirle a Dios que nos perdone, y ser como el apóstol Pablo, que fue guiado por el Espíritu Santo a escribir: « . . . olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:13-14).

En los momentos más oscuros, todos nosotros necesitamos amigos que nos ayuden a recordar cómo confiar en el Señor. Al mismo tiempo, nosotros necesitamos ser buenos amigos y compartir palabras de consolación a los que sufren y están abatidos. Por la gracia de Dios, vamos a animarles a participar en una iglesia local donde otros creyentes puedan ayudarles a cimentarse y a crecer en su fe y en el amor de Dios, « . . . porque somos miembros de su cuerpo . . . mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia» (Efesios 5:30-32).

Pensamiento para hoy:

Jesucristo siempre sana a los corazones quebrantados quienes en Él confían.

Lectura opcional: Hechos 19

Versículo de la semana para aprender de memoria: Juan 11:26

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