Lea Exodus 2

En la lectura de hoy:

La vida de Moisés como niño; su viaje a Madián; la zarza que no se quemaba; su llamamiento a rescatar la nación de Israel; su regreso a Egipto

Moisés, el hijo de un esclavo israelita, se gozaba del lujo de los palacios de los egipcios. «En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena» (Éxodo 2:11-12).

Moisés tenía 40 años de edad cuando mató al cruel egipcio. Esto fue su derecho legal, pues él era de la casa real de Egipto, y posiblemente el segundo en mando después del Faraón en la administración de la ley. Moisés estaba en la primavera de su vida, y de un punto de vista humano, hubiese sido el ideal tiempo para que Dios lo usara para rescatar a Su pueblo de sus sufrimientos.

Pero Moisés huyó de Egipto. Esto continuó por 40 años de soledad en el desierto como pastor de ovejas. Le pareció a Moisés como 40 años perdidos, sin hacer nada de importancia. Pero, con el Señor, tal tiempo nunca es de pérdida. Fue en el desierto que el Señor se le apareció y le dijo: «No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es» (3:5). Moisés nunca hubiese aprendido lo que es ser humilde, o saber cómo «acercarse» a Dios en los palacios de Egipto. Allá él llegó a ser muy importante y siempre estaba ocupado. Pero estas dos experiencias fueron fundamentales para prepararlo a ser la persona que Dios podía usar para rescatar a Su pueblo de Egipto, y por las jornadas del desierto, y hasta el borde de la tierra prometida.

La sabiduría del mundo nunca nos puede capacitar para hacer las correctas decisiones en la vida. Debemos de ser enseñados por el Espíritu Santo mientras que leemos Su Palabra. Es la unción del Espíritu Santo en nuestras vidas, en lo que hacemos y decimos, que le da mérito al ser. Así, como Moisés, nuestra necesidad más básica es deshacernos de la autosuficiencia. Fue muy necesario para la vida espiritual de Moisés «(apacentar) . . . las ovejas a través del desierto» (3:1), y eliminar su propia voluntad hasta llegar a rendirse a la voluntad de Dios.

El apóstol Pablo, extremamente educado, escribió: «No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, (o tomar decisiones sólo por nuestra sabiduría humana) sino que nuestra competencia proviene de Dios» (II de Corintios 3:5).

Pensamiento para hoy:

Usted es una parte esencial del plan de Dios para alcanzar a otras personas.

Lectura opcional: Mateo 18

Versículo de la semana para aprender de memoria:

Proverbios 28:9