Jeremiah 23

En la lectura de hoy:

La restauración futura; el reino de Jesucristo es prometido; los profetas mentirosos; los higos buenos y los higos malos; el juicio de Babilonia es predicho

Solamente faltaban unos meses para la destrucción del reino de Judá por los babilonios. Ahora era ya muy tarde para orar por la salvación y evitar la destrucción de Jerusalén o del templo. A Sedequías, el último rey, le sacarían los ojos y sería llevado a Babilonia en cadenas (II de Reyes 25:7). Todas estas profecías son recordatorios horribles de que el pecado y el sufrimiento son inseparables, y de que el juicio de Dios es inevitable cuando la Palabra de Dios es olvidada.

El mensaje de Jeremías ahora cambia del juicio venidero a palabras de consuelo. Para ilustrar esto, el Señor le muestra: «Una cesta (que) tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer» (Jeremías 24:2). «Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien. Porque pondré Mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra . . . » (24:5-6). Habían tres cosechas de higos — en junio, en agosto, y en noviembre. Las primicias de los higos, en junio, eran consideradas una gran delicadeza (Isaías 28:4; Oseas 9:10; Miqueas 7:1). Por esta razón el Señor en Su amor estaba mandando a los escogidos «higos buenos» al cautiverio para corregirlos « . . . para (su propio) bien».

Aun mientras que los ejércitos babilonios estaban sitiando la ciudad de Jerusalén, Jeremías les aseguró a todos los que eran fieles a la Palabra de Dios: «He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David Renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. . . . En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: Jehová, Justicia nuestra» (Jeremías 23:5-6; 33:16).

Por medio de nuestro nacimiento natural vemos que: «Como está escrito: No hay justo, ni aun uno . . . por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:10 y 23). Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador, Él llega a ser «Jehová, Justicia nuestra». El Espíritu Santo guio al apóstol Pablo a escribir esto: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él» (II de Corintios 5:21).

Pensamiento para hoy:

Vamos a vivir tal y como la justicia de Dios nos ha puesto en Cristo Jesús.

Lectura opcional:

I de Juan 2

Versículo de la semana para aprender de memoria: Salmos 18:2