Lea Exodus 8

En la lectura de hoy:

Las plagas de las ranas, de los piojos, de las moscas, de la muerte del ganado, de las úlceras, del granizo; de las langostas, de las tinieblas

Mientras Dios continuaba Su proceso de rescatar a los israelitas, los egipcios sufrieron cada una de las diez plagas las cuales no afectaron a los hebreos. Hasta los hechiceros del Faraón reconocieron quién estaba en control de los juicios. Ellos le dijeron al Faraón: «Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó . . . » (Éxodo 8:19). Después del granizo que destruyó . . . «todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias . . . Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos» (9:25,27).

El Faraón le aseguró a Moisés que los israelitas podían salir libremente al momento que el granizo cesara. Pero, otra vez el Faraón cambió su mente y endureció su corazón contra la voluntad de Dios. Sin duda, «el corazón de Faraón se endureció», cada vez que decidió rechazar la Palabra de Dios (7:13-14, 22;8:15,19, 32;9:7). Pero, llegó el tiempo cuando « . . . Jehová endureció el corazón de Faraón» (9:12).

Finalmente, el Faraón concedió a la propuesta de Moisés, diciendo: «Andad, servid a Jehová vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir? Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová» (10:8-9) — lo cual quería decir que todos deben alabar al Señor, desde los más jóvenes hasta los ancianos. Sin embargo, el Faraón insistió que los israelitas tenían que ir a servir a Jehová según las condiciones del Faraón. Sus propios siervos le dijeron: « . . . Deja ir a estos hombres, para que sirvan a Jehová su Dios. ¿Acaso no sabes todavía que Egipto está ya destruido?» (10:7). Rechazando sus consejos, cogieron a Moisés y Aarón y « . . . los echaron de la presencia de Faraón» (10:8-11).

La persona que más se engaña a sí misma es la persona que cree que puede adorar a Dios a su propia manera. Otros, también engañados, dicen que ellos vivirán para el Señor Jesús más adelante en sus vidas y, como el Faraón, rehúsan darle a Dios el control de sus vidas. Pero vendrá el día cuando el tiempo para encontrar el arrepentimiento ya haya pasado. Dios solo es el que decide cuanto insulto Él va a permitir.

«Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre. Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a Sus santos» (Salmos 37:27-28).

Pensamiento para hoy:

El único punto en disputa es: «¿Quién está en control de su vida»?

Lectura opcional: Mateo 20

Versículo de la semana para aprender de memoria:

Proverbios 28:9