1 Chronicles 27

En la lectura de hoy:

Salomón se anima a edificar el templo; las dádivas de David para el templo, su oración y acción de gracias; Salomón es hecho rey; la muerte de David

Todo el tiempo que David reinó « . . . sobre Israel fue cuarenta años. Siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres reinó en Jerusalén» (I de Crónicas 29:27). Ahora estaba al final de su vida. En su último año de vida, David llamó a todos los capitanes militares y a los príncipes de las tribus. Él les contó cómo fue que Dios había escogido a Salomón para edificar el templo, y que su mayor interés estaba en « . . . guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios» (28:8). Entonces David le encargó a Salomón: « . . . hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, Él te desechará para siempre» (28:9).

David ofreció una de las oraciones más inspiradas en todas las Escrituras diciendo: « . . . Bendito seas Tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro Padre . . . Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son Tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y Tú eres Excelso . . . en Tu mano está la fuerza y el poder, y en Tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos Tu glorioso nombre» (29:10-13).

La oración del corazón sincero de David es un recordatorio para todos nosotros hoy en día de que el tiempo de orar siempre debe estar lleno de alabanzas y adoraciones mientras que exaltamos el nombre de Dios con acción de gracias por lo que Él es para nosotros y lo que nos ha dado. A la vez que reconocemos nuestra dependencia en Dios por todas las cosas, le vamos a alabar por Sus provisiones. Cuando abandonamos el tiempo diario para alabarle, nuestra adoración se cambia a ser un mero rito. Cada día, y bajo cualquier circunstancia debemos «Dad gracias en todo . . . » (I de Tesalonicenses 5:18). Si murmuramos sobre nuestras circunstancias, entonces estamos expresando disgusto para con Dios y dudamos de Su sabiduría y Su amor para con nosotros.

Cuando nos arrodillamos, bajamos nuestras cabezas, y extendemos nuestras manos, todas son expresiones para alabarle. El Espíritu Santo inspiró a David para poder llegar a decir: «Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová» (Salmo 134:2). «Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda» (I de Timoteo 2:8).

Pensamiento para hoy:

Vamos a ofrecerle libremente alabanza a Dios «hoy mismo».

Lectura opcional:

I de Corintios 7

Versículo de la semana para aprender de memoria: Hebreos 6:1