Hosea 7

En la lectura de hoy:

El pecado de Israel es reprendido y su cautiverio es predicho; la inmediata ruina de Israel pero también su bendición final

El reino del norte de Israel « . . . no se volvieron a Jehová su Dios, ni lo buscaron con todo esto. Efraín (simbólico del reino del norte) fue como paloma incauta, sin entendimiento; llamarán a Egipto, acudirán a Asiria» (Oseas 7:10-11), buscando la seguridad nacional en vez de confiar en el Señor según Su Palabra. Nada podía haber sido más necio que buscar ayuda de Egipto, el cual les había sujetado a la esclavitud cruelmente un tiempo atrás, o que hacer amistad con la impiadosa Asiria, la cual pronto los iba a destruir.

Los líderes de Israel: « . . . ellos subieron a Asiria. . . . Olvidó, pues, Israel a su Hacedor. . . . Llegaron hasta lo más bajo en su corrupción. . . . La gloria de Efraín volará cual ave . . . y andarán errantes entre las naciones» (8:9,14; 9:9,11,17). El Señor le dio a Israel un fuerte llamamiento de corazón para volver a Él antes de ser destruidos: « . . . porque es el tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia» (10:12). Podemos sentir el corazón quebrantado de Dios al decir: «Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor . . . » (11:4). Amorosamente Él clamó: «Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído» (14:1).

Neciamente Israel había puesto su confianza en otras naciones y en falsos dioses (5:13; 7:11; 8:9-10) y en su propia fuerza (12:8), en vez de en el Único que es el Verdadero Salvador. Aún, vemos la voluntad del Señor en mostrar misericordia, como siempre Él lo hace a cualquier pecador arrepentido, al decir: «Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia . . . » (14:4). Las últimas palabras del profeta Oseas antes que los israelitas fueran conquistados por los aisirios son un buen recordatorio para todos nosotros: «¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos» (14:9).

Cuando nos arrepentimos, alejándonos de nuestros pecados, y recibimos a Jesucristo como nuestro Único Salvador, dejando al Espíritu Santo morar y controlar nuestras vidas, es que verdaderamente podemos vivir libres del poder de Satanás, del poder del pecado, y libres de la muerte espiritual. «Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad . . . estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo. Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (I de Juan 1:6; 2:1-2).

Pensamiento para hoy:

Todos los que se regocijan en el Señor también pueden regocijarse en las tribulaciones.

Versículo de la semana para aprender de memoria: Santiago 1:5