Job 30

En la lectura de hoy:

La proclamación de Job de su integridad; las acusaciones de Eliú

Nadie en la historia bíblica, a no ser Jesucristo mismo, sufrió tanta humillación pública y dolor físico y emocional como Job. Él había mantenido la posición principal administrativa de su país, pues Job dijo: « . . . me sentaba entre ellos como el jefe; y moraba como rey . . . » (Job 29:25). «Porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre, y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia» (29:12,15,16). En el capítulo 31, Job hace una lista de doce pecados comunes que nadie podía acusarle de haber cometido. Pero, aún en su tiempo de más necesidad, nadie quiso expresarle compasión o una palabra bondadosa.

Para Job, parecía que no había un fin a la crueldad de las personas que hacían de su sufrimiento algo aun más doloroso y miserable: « . . . Empujaron mis pies, y prepararon contra mí caminos de perdición. . . . Se han revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi honor, y mi prosperidad pasó como nube. Y ahora mi alma está derramada en mí; días de aflicción se apoderan de mí . . . » (30: 12-17). Pero aun lo más doloroso para Job fue que le parecía que a Dios no le importaba y que no estaba oyendo sus oraciones: «Clamo a Ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes» (30:20).

Durante tales tiempos nuestra fe es puesta a prueba, «porque por fe andamos, no por vista» (II de Corintios 5:7), y no dependemos de «las cosas que se pueden ver». Tenemos que confiar en el Señor y en las promesas de Su Palabra. La fe no tiene su origen en nosotros, pues es un regalo de Dios (Efesios 2:8).

Los tres amigos de Job juzgaron la relación de Job con Dios erróneamente, pero Job no dejó que eso llegara a destruir su fe.

Mientras que consideramos a Job, a quien Dios había declarado el hombre más recto sobre la tierra (Job 1:8), ¿debemos entonces asombrarnos cuando somos acusados erróneamente? El creyente más dedicado es a veces el que sufre la mayor indignidad y humillación, de personas que son inconsiderables, y aun de algunos que confiesan ser cristianos. « . . . (Nosotros) mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis» (II de Tesalonicenses 1:4-5).

Pensamiento para hoy:

Si alguien viene con chismes, inmediatamente cambiemos la conversación para algo notable (Filipenses 4:8).

Lectura opcional: Efesios 5

Versículo de la semana para aprender de memoria: Eclesiastés 12:13