2 Chronicles 7

En la lectura de hoy:

Los sacrificios de Salomón; la gloria del Señor; Dios se le aparece a Salomón; la reina de Sabá visita a Salomón; la fama, las riquezas y la muerte de Salomón

«Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa» (II de Crónicas 7:1).

Después de esa gran dedicación, el Señor otra vez se le apareció a Salomón de noche, y le dijo: «Si Yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a Mi pueblo; si se humillare Mi pueblo, sobre el cual Mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren Mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» (7:13-14).

Consideremos cuidadosamente los requisitos establecidos por Dios para poder decir: « . . . sanaré su tierra». En primer lugar, Dios habla de « . . . Mi pueblo». Esto implica nuestra necesidad de recibir a Cristo tal y como la Palabra nos dice. Entonces, «si se humillare . . . » Su pueblo quiere decir, primeramente y lo más alto, confesarle que hemos despreciado Su Palabra, como si pudiéramos vivir por medio de nuestro mejor juicio sin necesitar Sus consejos. Cuando nos humillamos, esto también incluye el reconocer nuestros pecados, sentir la angustia por nuestros pecados, y un arrepentimiento genuino de nuestros pecados. Sólo Dios puede perdonar y hacer llegar ese gran perdón y la limpieza de todos los pecados cuando confesamos nuestros pecados (I de Juan 1:9).

Cuando Dios dice: « . . . y buscaren Mi rostro», Él quiere decir que tenemos que diariamente buscarle en Su Palabra para llegar a saber lo que significa vivir. Mientras que leemos Su Palabra, el Espíritu Santo no solamente ilumina nuestro entendimiento para conocer Su perfecta voluntad, pero Él nos da el poder para vivir por ella. Dios nos advierte: «El que aparta su oído para no oír la Ley, su oración también es abominable» (Proverbios 28:9).

Nosotros tenemos que considerar y preguntarnos: ¿Será para el honor de Dios lo que estoy buscando en oración, o es meramente para mi beneficio?

Nuestra gran necesidad es leer toda Su Palabra al mismo tiempo que oramos sobre ella. Jesucristo nos dijo: «El que en Mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en Mí, y Mis Palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho» (Juan 15:6-7).

Pensamiento para hoy:

«Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras» (Salmo 145:18).

Lectura opcional:

I de Corintios 10

Versículo de la semana para aprender de memoria: Hebreos 6:1