Jeremiah 37

En la lectura de hoy:

Jeremías es encarcelado en un calabozo; su consejo es rechazado; la destrucción de Jerusalén; Jeremías es libertado; el plan de Ismael para asesinar a Gedalías

Durante el undécimo año del reino malvado de Sedequías, los ejércitos de Nabucodonosor sitiaron la ciudad de Jerusalén y Sedequías frenéticamente le dijo a Jeremías: «Consulta ahora acerca de nosotros a Jehová, porque Nabucodonosor rey de Babilonia hace guerra contra nosotros» (Jeremías 21:2). Pero la respuesta del Señor fue firme: «Porque Mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no para bien, dice Jehová; en mano del rey de Babilonia será entregada, y la quemará a fuego» (21:10). Sedequías entonces, « . . . no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las Palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta Jeremías» (37:2).

Pensando que Egipto iba a proteger su reino, Sedequías mandó a sus oficiales a Egipto para hacer una alianza con ellos. También le pareció bien mostrarle «buena voluntad» al profeta; pues entonces, « . . . envió el rey Sedequías a Jucal . . . y al sacerdote Sofonías . . . para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios» (37:3). En vez de orar por ellos, Jeremías les respondió: «Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos . . . el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros . . . pondrán esta ciudad a fuego» (37:9-10).

Cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén, los israelitas creían que su alianza con Egipto había sido un éxito sin las oraciones del profeta. Pero aún Sedequías había estado inquieto. Entonces, secretamente, sacó a Jeremías de la prisión, « . . . y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay Palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado» (37:17).

La ciudad de Jerusalén se mantuvo fortalecida por casi un año y medio. Durante este tiempo el pueblo sufrió el horror de mucha hambre y enfermedades. Cuando Sedequías finalmente trató de escaparse de la ciudad de noche, él fue arrestado cerca de Jericó, donde Josué victoriosamente había empezado la conquista de la tierra prometida (39:5).

Algunas personas son como Sedequías, que le permiten a sus amigos o a su propia voluntad que influencien sus decisiones, en vez de confiar en el Señor. Este rey ciego y encarcelado (39:7) es un ejemplo de las consecuencias que vienen sobre las personas que se niegan a buscar del Señor el perdón por sus pecados. El apóstol Pablo escribió: «en los cuales el dios de este siglo (Satanás) cegó el entendimiento de los incrédulos . . . » (II de Corintios 4:4).

Pensamiento para hoy:

Todas las personas que rechazan al Señor y a Su Palabra están ciegamente caminando hacia su propia destrucción.

Lectura opcional:

III de Juan 1

Versículo de la semana para aprender de memoria: Salmos 18:2