2 Chronicles 18

En la lectura de hoy:

Josafat hace una alianza con Acab; la derrota de Josafat; la muerte de Acab; las reformas nacionales de Josafat; la muerte de Josafat

Josafat fue uno de los reyes más piadosos en la historia de Judá. Él nombró a los levitas por todo el país para leerle al pueblo e instruirle en la Ley de Dios. Él forzó a los seguidores de Baal y de Asera, con todos los sodomitas (homosexuales), fuera del país (I de Reyes 22:46; II de Crónicas 17:3-9).

Sin embargo, Josafat cometió un gran error cuando se asoció con Acab, el rey idólatra del reino del norte. Esa amistad los llevó al matrimonio del hijo de Josafat, Joram, con la hija de Acab, Atalía (18:1; 21:1,6). Acab entonces le preguntó a Josafat que se uniese a él para ir a una batalla contra Siria (Aram), para recuperar a una ciudad en la frontera llamada Ramot de Galaad (18:3). ¿Puede usted imaginarse el piadoso Josafat festejándose con Acab y Jezabel, la esposa idólatra de Acab que adoraba a Baal, en el palacio de Acab?

Después que Josafat pidió que buscaran el consejo de Dios, un profeta intrépido llamado Micaías le profetizó al rey con denuedo y le dijo que él no iba a volver de la guerra vivo (16:4,13,16). Descuidándose de la advertencia del profeta, Josafat se unió con Acab y casi perdió su propia vida. Cuando estaban rodeados de los sirios (arameos), Josafat « . . . clamó, y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él» (18:31). «Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en Jerusalén» (19:1) Entonces Dios mandó al profeta Jehú para reprenderle. «Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto» (19:2).

El matrimonio del hijo de Josafat, Joram, con la hija de Jezabel, abrió las puertas para que la adoración de Baal se estableciera en Judá, y los llevó a la mortandad de todos los hijos y los nietos de Josafat, con la excepción de Joás, un niño de un año que fue escondido por Joiada el sumo sacerdote (22:10-22).

Ningún creyente, hombre o mujer, debe de tener relaciones de mucha amistad con una persona incrédula, ni siquiera teniendo en cuenta lo bueno que esa persona parezca, ni por muy seguro que el creyente esté de que tal relación no llegará a nada malo. «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios» (Santiago 4:4).

Pensamiento para hoy:

Una maravillosa transformación toma lugar cuando cualquiera — hasta el más malvado pecador — ora por misericordia.

Lectura opcional:

I de Corintios 13

Versículo de la semana para aprender de memoria: Hebreos 6:1