Lea Luke 12

En la lectura de hoy:

Las advertencias contra la avaricia y la hipocresía; las parábolas, las sanidades, y las enseñanzas de Jesús

El Señor ilustra el peligro engañoso de la avaricia al relatar esta parábola: «La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?» (Lucas 12:16-20). Por el arduo trabajo de la ocupación bien respetada de la agricultura, este hombre se había hecho muy rico. No hay ninguna indicación que él había obtenido sus riquezas por métodos deshonestos. Su gran pecado que le destruyó fue que él malgastó toda su vida en satisfacer sus propios placeres. Dios le llamó «necio», y después añade: «Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios» (12:20-21).

Nosotros los creyentes no debemos de permitir que los deseos materiales nos distraigan de hacer la voluntad de Dios. No debemos de preocuparnos de nuestras necesidades futuras. Sabiendo bien la importancia de lo que comemos, lo que vestimos, y la vivienda para mantener nuestras vidas, aún nuestra primera ocupación debe siempre ser: « . . . buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33). Al poder mantener con bien nuestras prioridades, nos preparamos para llegar a ser todo lo que nuestro Señor quiere que seamos y cumplir así el propósito por el cual Él nos ha creado.

De la manera que usamos nuestro tiempo y nuestros talentos es una expresión de nuestra fe cristiana. Cristo nos enseñó que la vida es verdaderamente completa cuando amamos, servimos, y damos para extender las «Buenas Nuevas» a un mundo perdido. Sin importar de cuantos — muchos o pocos — de talentos tenemos, o cuantas posesiones tenemos o hemos acumulado, como buenos administradores debemos de entregarnos a la oración considerando lo que Jesús quisiera hacer con lo que tenemos.

«Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos» (I de Timoteo 6:11-12).

Pensamiento para hoy:

Si verdaderamente cuidamos de los intereses de Dios, Él cuidará de nuestros intereses.

Versículo de la semana para aprender de memoria: Salmos 139:16