Lea Jeremiah 49

En la lectura de hoy:

Los juicios contra los pueblos de Amón, Edom, Damasco, Cedar, Hazor, Elam, y Babilonia son predichos; la redención de Israel es prometida

Jeremías profetizó que los amonitas, los descendientes de Lot que durante su historia habían sido hostiles a los israelitas, iban a ser destruidos (II de Crónicas 20:1-3; II de Reyes 24:1-2; Jeremías 27:3-6). La tierra de los hijos de Amón « . . . será convertida en montón de ruinas, y sus ciudades serán puestas a fuego» (49:2). El Señor entonces vuelve a hablar de Moab, que también eran descendientes de Lot, diciendo: «He aquí Yo traigo sobre ti espanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, de todos tus alrededores; y seréis lanzados cada uno derecho hacia adelante, y no habrá quien recoja a los fugitivos» (49:5).

Después, nuestra atención se vuelve a Edom, una nación que descendía de Esaú, el hermano gemelo de Jacob. Edom siempre había sido un enemigo celoso de los descendientes de Jacob que se había unido a Nabucodonosor para saquear la ciudad de Jerusalén, y ellos aun extendieron su territorio hasta el sur de Judá, habitando un área que llegó a ser llamada Idumea. Por sus acciones contra Israel, el destino de Edom fue correctamente predicho por el profeta. Así ha dicho Jehová: «Mas Yo desnudaré a Esaú . . . y no podrá esconderse . . . y dejará de ser» (49:10-12).

Finalmente, el juicio sobre Babilonia fue presentado, un imperio mundial que parecía ser invencible. Pero Jeremías dijo: «Palabra que habló Jehová contra Babilonia, contra la tierra de los caldeos. . . . Porque subió contra ella una nación del norte, la cual pondrá su tierra en asolamiento . . . » (50:1-3).

Después de las profecías de destrucción, Jeremías profetizó la salida de Israel del cautiverio. Aquí notamos que al final de los días los israelitas demostrarán un arrepentimiento genuino y aceptarán a su Mesías, Jesús: «En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, vendrán los hijos de Israel . . . diciendo: Venid, y juntémonos a Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido» (50:4-5).

Sabemos que las potestades de las tinieblas tratan de desanimarnos en un esfuerzo para destruir nuestra fe en Dios. Pero tenemos que poner los ojos en el Rey que muy pronto vendrá otra vez. Nunca hay una razón válida para permitir que las presiones y los problemas de esta vida nos lleven a la depresión. Cuándo Satanás trata de bombardearnos con tristeza, entonces vamos a clamar en voz alta junto con el salmista, el rey David: «Porque mejor es Tu misericordia (Tu amor) que la vida; mis labios Te alabarán» (Salmo 63:3).

Dios no es glorificado por nuestros temores, ni por nuestras dudas, ni por nuestras frustraciones. «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (I de Tesalonicenses 5:18).

Pensamiento para hoy:

Dios siempre oye las oraciones de un pecador arrepentido.

Lectura opcional: Apocalipsis 2

Versículo de la semana para aprender de memoria:

II de Timoteo 3:4-5