Lea Jeremiah 51

En la lectura de hoy:

El juicio de Babilonia; la caída de Jerusalén; el cautiverio de Judá

El imperio espectacular de los caldeos sobrepasó todo lo que el mundo de aquel entonces sabía. Babilonia, su capital, parecía invencible con paredes de 300 pies de altura y lo suficiente anchas para poder correr dos carros juntos. El imperio babilónico tenía un gobierno absoluto sobre todas las naciones cuando Jeremías declaró: «En un momento cayó Babilonia . . . ha venido tu fin . . . sino que para siempre ha de ser asolado» (Jeremías 51:8,13,37,60-62).

Como predicho por el profeta, la capital de Babilonia: «En un momento cayó». Esto pasó la noche que el rey « . . . Belsasar hizo un gran banquete . . . (y) aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía . . . (en) la pared del palacio real» (Daniel 5:1,5-9).

Ciro, el rey del imperio de los persas que conquistó a Babilonia impulsó a los judíos a volver a Jerusalén y reedificar el templo. Pero casi toda la generación de los ancianos que habían sido llevados cautivos a Babilonia ya se había muerto. La nueva generación estaba prosperando bajo el gobierno de Persia y, por consiguiente, no quería irse.

La desgana de la mayoría de los judíos de dejar el lujo de Babilonia y cambiarlo por la pobreza y la privación que iban a experimentar al volver a Jerusalén tiene un paralelo hoy en día. Esta historia describe exactamente a algunas personas que aman los placeres de este mundo en vez de responder al llamamiento de Jesucristo, quien nos dice: « . . . Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» (Mateo 16:24).

Los que «serán seguidores» pueden considerar a Mateo, quien tenía una posición prestigiosa y de influencia en el gobierno. Pero Mateo sabía que habían otras cosas más importantes en esta vida que el vivir para satisfacer los deseos personales y egoístas, e inmediatamente decidió de negarse a sí mismo y ser un buen seguidor de Jesús. ¿Es posible «negarse a sí mismo, y tomar nuestra cruz», y al mismo tiempo dedicar nuestro tiempo, nuestro dinero, y nuestros talentos a los placeres personales durante el día de reposo? Por eso, Jesucristo nunca dijo: «Por favor», ni aun trató de convencer a nadie para que se «negase a sí mismo, y tomara su cruz y le siguiera» (16:24). De veras, nos engañamos cuando le damos al Señor una pequeña porción de lo mejor que tenemos.

Los verdaderos seguidores de Cristo mantienen sus ojos en el Rey que está por venir. Jesús urgió: «Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida. . . . Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Vamos a buscarlo interior, exterior, moral, y espiritualmente) (Mateo 6:25,33).

Pensamiento para hoy:

Vivimos en este mundo, pero no vivimos por sus normas.

Lectura opcional: Apocalipsis 3

Versículo de la semana para aprender de memoria:

II de Timoteo 3:4-5