Ecclesiastes 5

En la lectura de hoy:

La advertencia contra los votos apresurados; el sentimiento vacío de las riquezas; la sabiduría y la bondad son apoyadas; el respeto a los gobernadores

Cuando Salomón empezó su reinado, él « . . . amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos» (I de Reyes 3:3). Pero, mientras que los años pasaron, él buscó la satisfacción de la vida por todos los lugares menos en el Señor y en Su Palabra (Salmo 119:97-98). Después de años de un estilo de vida extravagante, Salomón observó que tanto los ricos como los pobres estaban igualmente llenos de obsesiones con las mismas vanidades.

Los pensamientos de Salomón entonces cambiaron de lo mundano a la vida religiosa, y al mismo tiempo notó que muchas personas asistían a la Casa de Dios con indiscreción e hipocresía, ofreciendo oraciones insinceras y haciendo votos que nunca llegaban a cumplir. El Espíritu Santo, hablando por medio de Salomón, advirtió: «Cuando fueres a la Casa de Dios, guarda tu pie (tu propio propósito por venir); y acércate más para oír (y obedecer) que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal» (Eclesiastés 5:1). Tal estilo de vida es un insulto delante de Dios, como también destructivo para sí mismo, pues Dios no pasa por alto las acciones de los necios. «No te des prisa con tu boca» (5:2).

En cualquier culto de adoración, puede haber personas que saben expresar las palabras correctas para la alabanza y la oración, y aun dar generosas ofrendas, pero han venido con otros motivos que el de adorar al Señor.

La verdadera adoración requiere la inspiración de obedecer la Palabra de Dios de corazón: «acércate más para oír (y obedecer) (5:1). Las Escrituras también nos revelan esto en estas palabras: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» (I de Corintios 3:16). Cuando nos reunimos en la Casa de Dios, abrimos nuestros corazones para adorar, para alabar, y para exaltar al Señor. Jesucristo reconoció la adoración de esta forma: «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:24).

El lugar donde adoramos al Señor puede ser una catedral admirable, una cabaña, la casa de un discípulo, al lado de un monte, o una cueva. No hay ningún lugar donde Dios no esté con sus hijos (14:16; Hebreos 13:5). Porque Su presencia está siempre presente, debemos de alabarle aun si estamos en una prisión. «Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían» (Hechos 16:25).

Pensamiento para hoy:

Nosotros no envidiamos las riquezas de los malhechores — ellas son solamente temporáneas.

Lectura opcional: Hebreos 6

Versículo de la semana para aprender de memoria: Gálatas 6:10