Lea Ezekiel 10

En la lectura de hoy:

La gloria del Señor se aleja del templo; el juicio contra los líderes mentirosos; la promesa de la restauración y la renovación de Israel;el cautiverio se acerca

La visión de Ezequiel reveló siete hombres enviados por Dios: uno a librar la minoría de los fieles y los otros seis a matar la mayoría de los idólatras. «Y entre ellos había un varón vestido de lino» que le ponía una señal en la frente a todos los que se habían mantenido fieles al Señor (Ezequiel 9:2-7). «Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines. Y alzando los querubines sus alas, se levantaron . . . y se pararon a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová» (10:18-19).

Ezequiel observó a los líderes de Jerusalén que, al parecer, estaban bendecidos y llamados para mantenerse a cargo de un pueblo favorecido, mientras que a otros se los habían llevado cautivos. Pero, en realidad, muchos de los cautivos despojados en Babilonia pronto supieron, por medio del sufrimiento, que tenían que arrepentirse de sus idolatrías paganas y confiar en el Señor Dios de Israel. Dios prometió un gran futuro para todos los que volvieron a Él. Mientras que Ezequiel se preparaba para salir del templo, él vio la presencia del Señor, la cual había estado sobre el propiciatorio del arca del testimonio en el lugar santísimo, que se alejaba lentamente del lugar donde Dios por tanto tiempo había escogido morar.

«Y la gloria de Jehová se elevó de en medio de la ciudad» (11:23), y con repugnancia se alejó de la « . . . ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí Su nombre» (I de Reyes 14:21). Parece que los israelitas estaban tan ocupados en sus infieles actividades religiosas que ni se dieron cuenta que ya Jehová se había apartado de ellos.

El Señor otra vez le dio a Ezequiel una profecía que sobrepasaba bien al futuro: « . . . un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne . . . para que anden en Mis ordenanzas, y guarden Mis decretos y los cumplan, y Me sean por pueblo, y Yo sea a ellos por Dios» (Ezequiel 11:19-20; ver 36:26-27). El apóstol Pablo escribió: «un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. . . . Y Él mismo (Jesucristo) constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo» (Efesios 4:4-6, 11-12).

Pensamiento para hoy:

La verdadera satisfacción y propósito en esta vida se encuentran solamente en Jesucristo — nunca en las cosas materiales.

Lectura opcional: Apocalipsis 8

Versículo de la semana para aprender de memoria:

II de Timoteo 3:4-5