Lamentations 3

En la lectura de hoy:

La misericordia de Dios; el castigo de Sion; los fieles se afligen sobre su desastre y confiesan sus pecados

El profeta Jeremías fue uno de los grandes profetas en la historia bíblica, y pocos han sufrido tanta humillación pública, hostilidad, siendo rechazado como Jeremías. Por más de 40 años, él les advirtió a los israelitas de creer en Moisés y seguir la Ley de Dios o sufrir el juicio de Dios. Finalmente ellos se tuvieron que enfrentar a la destrucción inevitable de su glorioso templo y de Jerusalén, la ciudad de Dios.

Dios no permite el sufrimiento sólo por la causa del castigo. Dios siempre tiene dos propósitos: primeramente, como un juicio sobre el pecado, pero en segundo lugar, permitir a los que han ofendido a Dios la oportunidad de arrepentirse y comprometer sus vidas a Dios. Verdaderamente podemos alabar a Dios porque Él nos perdona todos nuestros pecados (I de Juan 1:9). El profeta Jeremías nos da esa seguridad de Dios: «Antes si aflige, también se compadece según la multitud de Sus misericordias» (Lamentaciones 3:32).

Por medio de la destrucción del templo vino la comprensión de la fatalidad del pecado y las consecuencias de la indiferencia sobre la Palabra de Dios. A eso le tenemos que añadir que ellos asumían que la promesa del pacto de Dios continuaría aun cuando la responsabilidad del pacto para con el pueblo era ignorada. Por esta razón el profeta suplicaba: «Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová» (3:40). Jeremías le pidió al pueblo de venir delante de Dios confesando los pecados de la nación, en arrepentimiento y en obediencia a la Palabra de Dios.

Ese reino de Judá que había sido tan poderoso fue sometido a toda forma de humillación. Su pueblo tuvo que mendigar por el pan de los extranjeros, tuvo que pagar por el agua, y sin esperanza tuvo que contenerse al ver que sus hijos fueron llevados como esclavos y forzados al duro trabajo mandatorio, y aun sabiendo que los soldados paganos: «Violaron a las mujeres en Sion, a las vírgenes en las ciudades de Judá» (5:11). Aun podemos sentir el corazón quebrantado y el llanto del profeta al expresar su dolor: «Cayó la corona de nuestra cabeza; ¡Ay ahora de nosotros! porque pecamos» (5:16).

Los justos siempre sufren en medio de una nación malvada; pero, para los creyentes, el sufrimiento debe de abrir nuestros ojos a los verdaderos valores de esta vida. «Y aquéllos (nuestros padres terrenales), ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero Éste (nuestro Padre Celestial) para lo que nos es provechoso, para que participemos de Su santidad» (Hebreos 12:9-10).

Pensamiento para hoy:

La Palabra de Dios imparte la visión a los verdaderos valores.

Lectura opcional: Apocalipsis 5

Versículo de la semana para aprender de memoria: Proverbios 3:1-2