Isaiah 15

En la lectura de hoy:

La ruina de Moab es predicha; Siria (Aram) e Israel son amenazados; los juicios de Dios; Egipto vendrá a adorar al Señor; el cautiverio de Egipto predicho

El profeta Isaías fue guiado a poner a un lado sus pensamientos del glorioso reino futuro del Rey de Paz y empezar a proclamar el juicio de Dios sobre los incrédulos. Primeramente, el juicio fue proclamado sobre el reino idólatra del norte, diciendo: «Y cesará el socorro de Efraín . . . ». Entonces él incluyó también a Judá, y dijo: «En aquel tiempo la gloria de Jacob se atenuará . . . y habrá desolación. Porque te olvidaste del Dios de tu salvación» (Isaías 17:3-4,9-10).

«(El) socorro de Efraín» (su ayuda o fortaleza) se refiere al reino de las diez tribus del norte, un símbolo de riqueza, poder, y gloria personal, lo cual sería destruido cruelmente por Asiria. Quizás fue muy extraño que él profetizó que Judá, «la gloria de Jacob», se iba a desaparecer, un recordatorio de que el reino de Judá y la santa ciudad de Dios iba a ser finalmente destruida porque ellos también se habían involucrado en buscar las cosas del mundo y gradualmente habían olvidado la Palabra de Dios. Enfocamos nuestra atención en la futilidad de depender en las posesiones de este mundo para obtener seguridad, pues el rey David nos amonesta: « . . . Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas» (Salmo 62:10).

Nada esconde la voluntad de Dios de la vista del hombre con tanto engaño como el éxito y el orgullo que anima a la autosuficiencia. Quizás fue por esa razón que nuestro Salvador dijo: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan . . . » (Mateo 6:19). Las riquezas pueden debilitar la fe, tal y como Santiago nos indica, diciendo: «Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?» (Santiago 2:5). Las riquezas también nos llevan a perseguir sin fin más y más «cosas». Esto, a la vez, muchas veces termina en la avaricia, que es también idolatría (Colosenses 3:5).

Nuestro Señor Jesús nos advierte: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12:15). El Señor mismo tiene el poder para hablarnos a cada uno personalmente y decirnos cómo es que Él quiere que pasemos el tiempo transformando las vidas de otras personas y cómo cumplir con Su gran comisión. El apóstol Pablo le escribió a Timoteo: «A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios Vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» (I de Timoteo 6:17; Deuteronomio 8:18).

Pensamiento para hoy:

Sed sobrios y estad siempre preparados para la venida de Jesús.

Lectura opcional: Hebreos 12

Versículo de la semana para aprender de memoria: Gálatas 6:10