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El Camino Bíblico - 4 de Junio

  • 2014 Jun 04
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Ezra 8

En la lectura de hoy:

La genealogía de los compañeros de Esdras; el ayuno proclamado por Esdras; el tesoro encomendado a los sacerdotes; la oración y la confesión de Esdras

Porque Esdras conocía bien las Escrituras él decidió ser responsable en guiar quizás a cinco mil hombres, mujeres, y niños por todo ese largo y peligroso viaje, de posiblemente más de 1.287 kilómetros, desde Babilonia hasta Jerusalén. Además de todo esto estaba la responsabilidad del valioso tesoro de « . . . plata, el oro y los utensilios, ofrenda que para la casa de nuestro Dios habían ofrecido el rey» (Esdras 8:25). Esdras también sabía los peligros de los bandidos que podían venir a matar y saquear. El pueblo también tenía que enfrentarse a las fatigas físicas y emocionales.

Hubiese sido más fácil quedarse en Babilonia y solamente orar por la gente en Jerusalén. Pero Esdras decidió hacer todo lo posible para ayudar. Además, Esdras no le pidió al rey una guardia de protección militar; pero está registrado que Esdras dijo: « . . . publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de Él camino derecho para nosotros . . . Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan . . . » (8:21-22).

Esdras y sus seguidores llegaron sanos y salvos a Jerusalén unos cuatro meses después de haber salido de Babilonia (7:8-9; 8:31). Sin embargo, Esdras estaba angustiado al oír sobre el estado moral y espiritual en Jerusalén desde que el templo se había reedificado. Los príncipes vinieron a Esdras diciéndole: « . . . El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras . . . y hacen conforme a sus abominaciones» (9:1). Otra vez, Esdras no dijo: «Ese no es mi problema, deja que otros se encargen de eso». Al contrario, él se involucró en cómo ayudar: «Y se me juntaron todos los que temían las Palabras del Dios de Israel . . . » (9:4). A la hora del sacrificio de la tarde, él se postró arrodillado, y extendió sus manos al Señor, y oró diciendo: « . . . Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a Ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza . . . (Porque) nosotros hemos dejado Tus mandamientos» (9:6,10).

Cuando abandonamos la Palabra de Dios, todos nosotros también tenemos que interesarnos tal y como Esdras lo hizo. «¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?» (Santiago 2:21-22).

Pensamiento para hoy:

« . . . La fe sin obras es muerta» (Santiago 2:20).

Lectura opcional:

II de Corintios 6

Versículo de la semana para aprender de memoria: Salmos 1:1-2

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