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El Camino Bíblico - 5 de Febrero

  • 2014 Feb 05
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Lea Leviticus 11

En la lectura de hoy:

Las leyes sobre la salud y el alimento; la purificación de la mujer después del parto; las señales y las leyes acerca de la lepra

Más de 40 veces en el libro de Levítico leemos: «Porque Yo soy Jehová vuestro Dios»; y más de seis veces el Señor demanda: «y seréis santos, porque Yo soy Santo». En la parte interior y en la parte exterior de nuestras vidas, moral y espiritualmente, tenemos que separarnos de todo lo que nos contamina: «Porque Yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque Yo soy Santo» (Levítico 11:44). Los israelitas tenían que comer alimentos limpios (capítulo 11); tener cuerpos limpios (capítulos 12-13), tener vestiduras limpias (13:47-59), tener casas limpias (14:33-57), y llevar higiene personal (capítulo 15); y llegar a ser una nación limpia (capítulo 16).

La palabra «inmundo» se usa cerca de 100 veces en los capítulos 11 al 16, mostrándonos que Dios requiere que toda cosa inmunda sea quitada de nuestras vidas. Dios también requería que los israelitas se separaran de los paganos, de la idolatría, de la inmoralidad, y aun de los hábitos antihigiénicos. El pueblo de Dios no se podía casar con los gentiles incrédulos. Los muchos sacrificios, leyes, y regulaciones sobre lo que era limpio y lo que era inmundo (lo que contamina a la persona) nos lleva a entender cómo es que el pecado nos separa de Dios.

Esto es también un recordatorio diario para todo creyente del Nuevo Testamento que . . . «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (I de Corintios 10:31).

El Espíritu Santo guio al apóstol Pablo a escribir: «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Romanos 12:1). Y a la iglesia en Corinto, él le escribió: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es» (I de Corintios 3:16-17). A los hermanos en Éfeso, les escribió: « . . . para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él» (Efesios 1:4).

Por esto Dios también nos manda a «(seguir) la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14).

Pensamiento para hoy:

La persona que tiene su mente en las cosas de este mundo nunca puede percibir lo que Dios le revela a «los de limpio corazón» (Mateo 5:8).

Lectura opcional: Marcos 8

Versículo de la semana para aprender de memoria: Oseas 4:6

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