Ezra 10

En la lectura de hoy:

El juramento sobre las mujeres extranjeras que ellos habían tomado y los hijos que ellas les habían dado a luz

Los israelitas se habían casado con mujeres cananeas. Consiguientemente, muchos estaban adorando los ídolos de ellas. La Ley de Dios les había amonestado: «Y no emparentarás con ellas . . . (Porque) desviará a tu hijo de en pos de Mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto» (Deuteronomio 7:3-4).

Mientras que los israelitas oían al sacerdote Esdras proclamar la Palabra de Dios, ellos sintieron una gran convicción por sus pecados. Entonces Secanías habló en lugar de todos los que habían ofendido al Señor, y le dijo a Esdras:

« . . . Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios . . . (ahora), pues, hagamos pacto con nuestro Dios, que despediremos a todas las mujeres . . . » (Esdras 10:2-3).

Uno por uno, cada hombre que se había casado con una mujer extranjera de los cananeos tuvo que presentarse con su mujer y sus hijos delante de la corte « . . . y con ellos los ancianos de cada ciudad» (10:14) para determinar si ellos se habían involucrado en la adoración de los ídolos o si eran adoradores del Verdadero Dios de Israel. Si la única consideración hubiese sido la excomunión de las mujeres extranjeras todo hubiese sido una decisión simple e inmediata. Pero, mucho más que una simple separación se tenía que considerar en sus cortes. Cada familia tenía que ser examinada para determinar si las mujeres cananeas habían abandonado sus ídolos y se habían convertido al Verdadero Dios de Israel. Si estos hombres habían guiado a sus esposas a rechazar sus ídolos y ahora adoraban al Único Dios Verdadero, entonces sus esposas ahora eran israelitas y no más serían llamadas «mujeres extranjeras». Este antecedente había sido establecido por Josué cuando él había protegido a Rahab, la ramera de Jericó, y la recibió como uno de ellos, pues ella había renunciado a sus ídolos y a su pecaminoso estilo de vida y había puesto su confianza en el Único Dios Verdadero de Israel.

Después de muchos años, Rut, la mujer moabita, se unió a Noemí, confesando: «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Rut 1:16). Rut había rechazado los ídolos de su pueblo natal y llegó a ser una mujer israelita. Estas mujeres, Rut y Rahab, llegaron a ser parte de la genealogía de Jesús (Mateo 1:5,16; Lucas 3:23,32).

A veces todos nosotros nos inclinamos a subestimar los dolores y los sufrimientos que resultan al desobedecer la Palabra de Dios. ¡El precio de la vida en el pecado es mucho más grande que lo que podemos sospechar! «Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna» (Gálatas 6:8).

Pensamiento para hoy:

La abnegación de sí mismo que honra a Cristo a veces puede resultar en sufrimiento, pero las consecuencias son paz y satisfacción.

Lectura opcional:

II de Corintios 7

Versículo de la semana para aprender de memoria: Salmos 1:1-2