Nehemiah 1

En la lectura de hoy:

La oración de Nehemías por Israel y su pedido para estar ausente; Nehemías observa los muros y empieza a edificarlos

Cuando Hanani, el pariente de Nehemías, llegó a Persia de Jerusalén, él le contó a Nehemías la condición detestable que existía en Israel. Nehemías dijo: «Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. . . . (Yo) y la casa de mi padre hemos pecado. . . . (Y) no hemos guardado los mandamientos» (Nehemías 1:4,6,7). Durante un período de cuatro meses él continuó sus oraciones.

Cuando el rey Artajerjes le preguntó por qué estaba tan triste, Nehemías le dijo: porque « . . . la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta» (2:1-3). El rey misericordiosamente le puso como gobernador de Judá y le comisionó la reedificación de los muros de Jerusalén. El mismo rey aun proveyó parte de los materiales (2:6-8).

Tres características básicas hicieron del esfuerzo de Nehemías un éxito. Por primero, su deseo de cumplir con la voluntad de Dios (1:1,11). Esto lo llevó a dejar el lujo y la seguridad del palacio del rey en Persia y sufrir la injuria en Jerusalén para restaurar los muros de la ciudad de Dios.

En segundo lugar, Nehemías no solamente dijo: « . . . ayuné y oré delante del Dios de los cielos» pero también confesó: nosotros « . . . no hemos guardado los mandamientos» (1:4-11). Él reconoció que la obediencia a la Palabra de Dios es esencial para recibir la respuesta a nuestras oraciones.

Por tercero, él estaba determinado a persuadir a su pueblo a unirse a él en la reedificación de los muros, sin pensar en la oposición. Sanbalat y su gentío expresaron hostilidad y disgusto en extremo contra Nehemías: « . . . hicieron escarnio de nosotros» (2:19). Su escarnecimiento se convirtió en calumnia, diciendo: «¿Os rebeláis contra el rey?» (2:19). Y por más, los grandes ciudadanos de Judá « . . . no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor» (3:5).

Nehemías se negó a desanimarse o abandonar su propósito. El deseo de cumplir con la voluntad de Dios depende en recordar que Él es Soberano sobre todos los acontecimientos de nuestras vidas. «(De) manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre» (Hebreos 13:6).

Pensamiento para hoy:

Mucho se puede llevar a cabo para con Dios cuando los creyentes trabajan juntos.

Lectura opcional:

II de Corintios 8

Versículo de la semana para aprender de memoria: Salmos 1:1-2