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El Camino Bíblico - 8 de Noviembre

  • 2011 Nov 08
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John 19

En la lectura de hoy:

La crucifixión, la sepultura, y la resurrección de Cristo, y Sus apariencias a Sus discípulos después de Su resurrección; la devoción de Pedro es reafirmada

Judas guio al tumulto y a los soldados romanos a arrestar a Jesús. Después de Su arresto, «le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año» (Juan 18:13).

Según la Palabra de Dios, el «sumo sacerdote» tenía que ser un descendiente en el linaje directo de Aarón y tenía que mantener su posición hasta su muerte (Éxodo 40:15; Números 35:25). Sin embargo, Roma nombraba a un nuevo «sumo sacerdote» cada año. Anás era el «sumo sacerdote» según el linaje de Aarón, pero Roma lo había quitado. El que tomó su lugar era su yerno Caifás, quien era el «sumo sacerdote» oficial según Roma. Sin embargo, muchas personas todavía consideraban a Anás como el verdadero «sumo sacerdote».

Jesucristo, el profetizado «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29), fue llevado ante los sumos sacerdotes: primeramente ante el de los judíos y después al que había sido nombrado por los gentiles. Con Caifás estaban los escribas, los ancianos, los principales sacerdotes «y todo el concilio» (Mateo 26:57,59). En respuesta a la pregunta del sumo sacerdote sobre Su Deidad y si Él era el Cristo, el Hijo de Dios, Jesús le dijo: «Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo» (26:64). Entendiendo que Jesús estaba reclamando ser el Mesías, Caifás rasgó sus vestiduras, que representaban su autoridad, como una señal de su justa indignación, y gritó: «¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído Su blasfemia» (26:65). Caifás había basado su decisión en lo que Dios le había dicho a Moisés: «Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto» (Levítico 24:16). «Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador» (Mateo 27:2).

Poncio Pilato bien sabía que Jesús era inocente de toda ofensa criminal y entonces dijo: «Yo no hallo en Él ningún delito» (Juan 18:38). Pero los líderes religiosos gritaron violentamente: «¡Crucifícale! ¡Crucifícale! . . . (Y) según nuestra ley debe morir, porque se hizo a Sí mismo Hijo de Dios. . . . Si a Éste sueltas, no eres amigo de César» (19:6-12). Poncio Pilato tuvo que escoger entre Jesús «el Hijo de Dios» y un tumulto bien irritado; pues entonces él escogió a las autoridades religiosas. Cuando una persona se compromete a no hacer lo que es correcto por miedo a perder su trabajo o cualquier otra cosa, tal persona ha tomado el primer paso en el camino que llega hasta el infierno eterno. Jesús nos dijo: «Ningún siervo puede servir a dos señores» (Lucas 16:13).

Pensamiento para hoy:

Cada creyente es responsable de hablar del amor de Dios que nos da el perdón.

Versículo de la semana para aprender de memoria: Romanos 6:12

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