Psalms 81

En la lectura de hoy:

La bondad de Dios y la perversidad de Israel; la felicidad de vivir en la presencia de Dios; el deseo de David para caminar en la verdad

El Espíritu Santo guio a David a unir las dos armas de nuestra milicia — la oración y la inspirada Palabra de Dios — en el Salmo 86, mostrando el poder que tenemos cuando las dos llegan a ser parte de nuestra manera de vivir.

Cuando David ofreció su oración: «Inclina, oh Jehová, Tu oído, y escúchame, porque estoy afligido y menesteroso» (Salmo 86:1), y así él estaba reconociendo su dependencia en Dios. David se vio a sí mismo como «afligido y menesteroso», pero él también expresó: «Guarda mi alma, porque soy piadoso; salva Tú, oh Dios mío, a Tu siervo que en Ti confía» (86:2). Él le oraba al Señor diariamente, no sólo en los tiempos de crisis (86:3). Aunque David era el rey de Israel y nunca había perdido una batalla, al referirse a sí mismo como «Tu siervo», él estaba reconociendo el señorío de Dios sobre su vida (86:4).

David oró: «Porque Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que Te invocan» (86:5). Esto nos hace recordar de que cuando tenemos que enfrentarnos a situaciones que no están bajo nuestro control, nosotros también debemos de decir tal y como David dijo: «En el día de mi angustia Te llamaré, porque Tú me respondes. . . . Porque Tú eres grande, y hacedor de maravillas; Sólo Tú eres Dios» (86:7,10).

El deseo supremo de cada creyente debe ser el mismo que expresó el Rey David en esta oración: «Enséñame, oh Jehová, Tu camino; caminaré yo en Tu verdad» (86:11). Esta es la oración que todos debemos ofrecer diariamente. Cuando David oró: « . . . afirma mi corazón para que tema Tu Nombre» (86:11), él estaba declarando la única meta de su vida.

Un corazón afirmado en Dios es indispensable. Por esta razón podemos decir: «vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás» (II de Pedro 1:5-10).

Pensamiento para hoy:

La gracia de Dios es suficiente para cada persona.

Lectura opcional:

II de Tesalonicenses 3

Versículo de la semana para aprender de memoria: Gálatas 6:7