Deuteronomy 24

En la lectura de hoy:

Las leyes sobre el divorcio y las relaciones domésticas; las primicias y los diezmos; la Ley sobre el monte Ebal; el altar sobre el monte Gerizim

Moisés, el legislador y el profeta de Dios, puso mucho énfasis sobre la necesidad de ser honesto y verdadero en todas las áreas de nuestras vidas. En su segundo mensaje, él advierte contra las ganancias que vienen por aprovecharse de las desventajas de otros. Él ilustra esto usando un mercante que tenía dos diferentes pesas y dos diferentes medidas — una para comprar y otra para vender: «No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica, ni tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño. Pesa exacta y justa tendrás; efa cabal y justo tendrás, para que tus días sean prolongados sobre la tierra que Jehová tu Dios te da. Porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que hace esto, y cualquiera que hace injusticia» (Deuteronomio 25:13-16).

Dios odia la mentira y el soborno. Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de emplear el principio de la justicia y la imparcialidad o aprovecharnos de otros. Esto puede presentarse en varias formas de deshonestidad, como cuando perdemos el tiempo en el trabajo, tomar algo que no es nuestro, hacer transacciones de negocios fuera de lo moral, las mentiras, el fraude, o cualquier otro acto deshonesto.

Nuestra relación con otras personas va más allá de las palabras y los hechos; pues aun llega hasta los motivos escondidos que se encuentran en nuestros corazones y revelan lo que verdaderamente somos. Esto quiere decir que los pensamientos del creyente siempre deben de ser la misma expresión de lo que Jesús haría.

La actitud de justicia y consideración para el bienestar de otras personas se aplica a la conducta diaria del creyente. La vida egocéntrica del «yo» tiene que darle el lugar a Cristo y rendirse a Su control.

Es posible tener malos pensamientos de amargura y envidia mientras hacemos buenas obras, y poder decir amorosas palabras teniendo una actitud y motivos erróneos. Pero, nuestra naturaleza pecaminosa, que vino desde Adán, y su conducta egoísta pueden ser vencidas por la naturaleza Cristo-céntrica que Cristo ha puesto en nuestro ser. Abraham, «padre de todos los creyentes» (Romanos 4:11), nos dio el ejemplo de esta clase de vida, cuando le rindió su derecho de poseer la mejor tierra a su sobrino Lot, para componer una disputa.

«(Porque) las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (II de Corintios 10:4-5; ver Génesis 13:8-9).

Pensamiento para hoy:

El creyente debe de resistir todas las tentaciones de mentir, de engañar, o de hurtar. Todas estas maldades resultarán en el castigo de Dios.

Lectura opcional: Lucas 24

Versículo de la semana para aprender de memoria: Filipenses 2:13