2 Kings 21

En la lectura de hoy:

Los malvados reinos de Manasés y Amón; el buen reino de Josías; el libro de la Ley es descubierto; la verdadera adoración es restaurada; la idolatría es destruida

Ezequías fue uno de los mejores reyes en la historia de Judá; pero su hijo Manasés fue aun más malvado que su tatarabuelo Acaz, quien había cerrado el templo (II de Crónicas 28:24). Manasés « . . . hizo lo malo ante los ojos de Jehová, según las abominaciones de las naciones . . . Porque volvió a edificar los lugares altos . . . Y edificó altares para todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. Y pasó a su hijo por fuego . . . multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová, para provocarlo a ira» (II de Reyes 21:2-6).

La vida malvada de Manasés resultó en su propia derrota por el poderoso reino de Asiria. «(Por) lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. Y habiendo orado a Él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios» (II de Crónicas 33:10-13). El Señor le permitió volver a Jerusalén y establecerse otra vez como el rey. Esta fue una respuesta a las oraciones de Manasés por la misericordia y el perdón, y también a las oraciones de su piadoso padre Ezequías, el cual oró por muchos años antes de este evento. Dios perdona aun los más viles pecadores cuando en verdad se arrepienten y oran por perdón. Al ser restaurado como rey otra vez, Manasés inmediatamente destruyó los dioses falsos y los altares que previamente había construido, y al mismo tiempo reedificó los altares de Jehová y estableció otra vez la adoración al Señor.

Pero Manasés no pudo revivir esos años de su malvado reino ya perdidos, ni aun pudo convencer a su propio hijo a rechazar sus ídolos y venir a adorar al Señor. Esto nos muestra la irreversible ley que existe aun en la naturaleza: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna» (Gálatas 6:7-8). Después de la muerte de Manasés, su hijo Amón restableció todas las perversas prácticas de la idolatría que su padre había inculcado durante la primera parte de su reino (II de Crónicas 33:22). «Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió a los ídolos a los cuales había servido su padre, y los adoró» (II de Reyes 21:21). «Y Él (Jesucristo) es la propiciación (la expiación) por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (I de Juan 2:2).

Pensamiento para hoy:

La medida del rendimiento de una persona determina su utilidad para con Dios.

Lectura opcional: Romanos 12

Versículo de la semana para aprender de memoria: II de Corintios 5:21