Diciembre 10

1 CORINTIOS 1.18-31  

La primera batalla entre la fe y la razón humana tuvo lugar en el huerto del Edén. Incitada por las mentiras de la serpiente, Eva comenzó a mirar su situación desde una perspectiva puramente lógica, y juzgó que Dios le estaba impidiendo disfrutar de algo bueno. Su fe vaciló cuando ideas aparentemente lógicas llenaron su mente.

No estoy diciendo que el camino de la fe nunca sea lógico, pero al funcionar solamente sobre la base de la razón, el conflicto con el Señor es inevitable. La razón es que sus instrucciones y sus acciones no siempre parecen razonables desde la perspectiva humana. Aunque Isaías 55.8, 9 dice que los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los del hombre, muchas personas juzgan a las ideas divinas como inferiores a la inteligencia humana.

El apóstol Pablo enfatiza esto cuando señala que las decisiones de Dios son ilógicas según las normas del mundo. Su mensaje de salvación parece una tontería, y sus mensajeros parecen insignificantes. En una época en que se valora el reconocimiento y la admiración, la persona que cree en la Biblia es considerada débil y necesitada de una muleta religiosa para hacerle frente a la vida. Aunque esta descripción parezca burla, es en realidad bastante acertada. Al reconocer su impotencia, los creyentes se apoyan en Cristo para que Él pueda levantarlos y les ayude a mantenerse firmes.

Aquel día en el Edén, el pecado y la presunción entraron en el corazón humano. Pero toda la sabiduría mundana que alimenta nuestro orgullo es anulada por Dios. Él no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes que puede jactarse solamente en Cristo. Solo el Salvador es su fortaleza y su sabiduría. Dios no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes. 

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