HECHOS 9.1-16

El apóstol Pablo tenía el fuerte propósito de conocer y servir a Jesucristo. Su pasión y su amor por el Señor eran evidentes: el Señor Jesús ocupaba siempre el centro de sus pensamientos, ya sea que estuviera trabajando como fabricante de tiendas, predicando a una multitud, o incluso encadenado en la prisión. ¿Qué alimentaba su amor por el Señor?

La experiencia de conversión del apóstol Pablo en el camino de Damasco fue una fuerza motivadora en su vida. Agradecido por el regalo de gracia que había recibido al ser salvo, el apóstol contó a muchas personas el encuentro que había tenido con el Cristo resucitado, y el impacto que esto hizo en él. Nosotros, también, tenemos una historia que contar acerca de la misericordia de Dios al salvarnos, y de la nueva vida que tenemos en él.

El fervor de Pablo se originaba también en su firme convicción de que el mensaje del evangelio era auténtico, y de que estaba al alcance de todos (Jn 3.16). En la cruz, Cristo tomó todos nuestros pecados —pasados, presentes y futuros— sobre sí mismo (1 P 2.24). él sufrió nuestro castigo para que pudiéramos recibir el perdón y tener una correcta relación con Dios. Por la fe en Cristo hemos nacido de nuevo, y el Espíritu Santo que mora en nosotros nos ayuda cada día (Jn 14.26). Cuanto más entendamos lo que Jesús hizo por nosotros, mayor será nuestra pasión por compartir el evangelio.

Desarrollar una fe inquebrantable requiere tiempo y energías, además del propósito de obedecer a Dios. El estudio regular de la Biblia fortalecerá su fe y le dará valentía para compartirla. Y el interesarse por el bienestar espiritual de otros le moverá a la acción. ¿Tiene usted pasión por servir a Dios donde sea que él le guíe? ¿Tiene usted pasión por servir a Dios donde sea que él le guíe?  

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