Diciembre 25

HEBREOS 4.14-16

No tenemos un Salvador aislado en el cielo que no tiene idea de qué es tener luchas humanas. No, nuestro Señor dejó detrás la gloria del cielo y añadió humanidad a su deidad. Abandonó temporalmente el uso de algunos de sus atributos, poniéndolos en práctica solamente cuando el Padre lo dirigió a hacerlo.

Jesús entiende exactamente cómo nos sentimos, pues pasó por el mismo tipo de situaciones. Aunque los detalles de nuestras vidas no se corresponden con los de la suya, las experiencias y los sentimientos son iguales. Veamos varios ejemplos de cómo Él se identifica con nosotros:

  • Malentendido. La gente constantemente entendía mal sus afirmaciones de que era el Hijo de Dios.
  • Rechazo. No fue apreciado por quienes vino a amar y dar su vida.
  • Presiones. Las multitudes lo rodeaban, implorándole ayuda y exigiendo su atención.
  • Agotamiento. Experimentó toda la debilidad de la condición humana.
  • Soledad. En el Getsemaní, cuando más necesitaba apoyo y compañía, sus amigos más cercanos se quedaron dormidos.
  • Tentaciones. Satanás lo atacó con todo tipo de tentación imaginable.
  • Odio. Los líderes religiosos lo aborrecían.
  • Injusticia. Aunque Cristo vivió una vida intachable, murió como un criminal.
  • Dolor. Sufrió el terrible dolor de la flagelación y la crucifixión.

Sea cual sea la situación por la que usted esté pasando ahora, recuerde que Jesús sabe cómo se siente y que Él simpatiza con su dolor y su debilidad. Tal vez no le elimine la angustia ni cambie su situación, pero Él siempre le dará la gracia para que resista la tentación, soporte el sufrimiento, y crezca en madurez espiritual. Dios siempre le dará la gracia para que resista la tentación y soporte el sufrimiento.  

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