EFESIOS 4.11-16

Como vimos ayer, todas las personas que se reúnen para adorar en iglesias alrededor del mundo forman un solo cuerpo —el cuerpo de Cristo. El Señor Jesús es la cabeza. Pablo lo describió como "el principio, el primogénito de entre los muertos" (Col 1.18). Él tiene prioridad en la Iglesia y en la vida de cada creyente.

En el momento de la salvación, uno se convierte en parte del cuerpo, no importa cuáles sean las normas en cuanto a membresía de las iglesias locales. Al recibir al Salvador, la persona se hace una con Jesús. Por tanto, si usted es creyente, es parte activa y viva de Cristo, quien está en actividad en la tierra por medio de sus seguidores. La Iglesia es los pies de Cristo para llevar el mensaje del evangelio, sus brazos para atender a los necesitados de amor, y sus manos para sostener a los débiles.

El cuerpo físico de Cristo sufrió dolor y persecución. De manera que la iglesia no puede esperar una existencia cómoda y fácil. Ser Jesús para el mundo significa hacer sacrificios, ser ridiculizado y amar a nuestros enemigos (He 13.16; Mt 5.44). Dios nos llamó a difundir el evangelio, pero eso no significa que a la gente siempre le gustará lo que tenemos que decirle. El pecado y la obligación de dar cuentas no son mensajes populares. Pero ser populares y caer bien no es el propósito. Estamos aquí para realizar el trabajo y la misión de Dios, aunque hacerlo no sea cómodo.

La naturaleza espiritual de la Iglesia está ligada a su misión. El evangelio no puede esparcirse sino por el poder y la sabiduría de Jesucristo, la cabeza. El cuerpo de creyentes está unido con Él por medio de su Espíritu Santo que habita en ellos. El Señor alcanza al mundo a través de su Iglesia y sus miembros. La naturaleza espiritual de la Iglesia está ligada a su misión.  

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