Mayo 15

La gracia de dar

2 Corinthians 1

Hoy en día vivimos bajo un nuevo pacto establecido por Dios por medio de la sangre derramada por su Hijo Jesús (He 9.15). Con base en lo que Cristo hizo, Romanos 12.1 nos dice que nos presentemos “en sacrificio vivo, santo, agradable” al Señor. Si usted es hijo de Dios, todas sus capacidades, tiempo y dinero son de Él.

El principio de la vida de sacrificio puede verse en la iglesia primitiva. Los nuevos creyentes vendían con entusiasmo sus propiedades para suplir las necesidades que había a su alrededor (Hch 2.45). En respuesta a su generosidad, Dios los bendijo con corazones alegres, el favor del pueblo, y un número cada vez mayor de creyentes.

Las iglesias de Macedonia entendieron también la prioridad de dar. Aunque los creyentes eran sumamente pobres, rogaron que les dieran la oportunidad de ayudar económicamente. La Biblia dice que abundaron en la “gracia de dar” (v. 7).

Bajo la ley del Antiguo Testamento, Dios requería un diezmo (la décima parte de los animales y las cosechas) para apoyar al templo (Lv 27.30-32). Cuando el país se alejó de esta práctica, el Señor envió a Malaquías para advertirles de las consecuencias de su desobediencia. Al no dar su diezmo, le robaban a Dios lo que le pertenecía a Él (Mal 3.8). Seguramente a nosotros no nos gustaría ser culpables de quedarnos con el dinero del Señor.

Al habernos designado como sus mayordomos, y provisto con recursos, Dios espera que demos generosamente. Jesús alabó a la viuda pobre del templo por dar de manera sacrificial (Mr 12.41-44). Si confiamos en el Señor para nuestras finanzas, como lo hacía la viuda, abundaremos en la gracia de dar.

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