Febrero 17

Ya han sido juzgados

John 3:17-18

Como sociedad, nos gusta exigir nuestros derechos. Protegemos mucho nuestras libertades, aun cuando puedan hacernos más mal que bien. Igual sucede con los asuntos espirituales. Por ejemplo, ejercer el “derecho” a rechazar el plan de salvación de Dios, deja a una persona en un estado de condenación.

En mis años como pastor, he escuchado muchas veces esta frase: “Yo no creo que Dios va a condenarme al infierno”. Estoy de acuerdo, pero no con el significado que se le quiere dar al comentario: el que una persona sea digna de ir al cielo basándose en sus propios méritos. Es cierto que el Señor no condena a las personas al infierno, pero permite que la decisión sea de ellas; tienen derecho a elegir.

Dios dice que quienes no aceptan a Jesucristo ya han sido condenados (v. 18). Es decir, al rechazar —o ignorar educadamente— la necesidad de un Salvador, los incrédulos han elegido seguir sin salvación y perdón. La Biblia enseña que un día habrá un juicio, pero Dios ya ha determinado que quienes pusieron su fe en Cristo quedarán con Él, mientras que los demás serán enviados a la condenación (Mt 25.34-46). El hombre o la mujer no arrepentidos no son condenados por Dios, sino que han decidido permanecer en la compañía de todos los condenados por su propia voluntad.

Dios desea que todos vengan al conocimiento salvador de su Hijo Jesucristo (2 P 3.9). Por eso, ha dado a toda persona el derecho a decidir si será obediente o no. Sin embargo, quienes rechazan al Salvador han sido advertidos de que han elegido la condenación.

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