Noviembre 20

¿Puede su conciencia ser su guía?

Romanos 2.14-16

Cada persona nace con un regalo maravilloso de Dios: la conciencia. Ya que sus advertencias causan incomodidad, usted quizás nunca haya pensado que este “sistema de alarma” sea una bendición. Pero fueron nuestro bien y protección lo que el Señor tuvo en mente al darnos este observador de nuestra conducta moral. Al escuchar sus avisos, evitamos tomar decisiones que pueden arruinar nuestras vidas.

Pero, ¿puede usted confiar en su conciencia como su guía para tomar decisiones? Antes de que podamos responder a esa pregunta, debemos entender cuál fue el trabajo que Dios le asignó a ella. La conciencia no fue dada como una fuerza positiva para guiar, sino como un sistema de alarma para protegernos del pecado. Pero muchas de nuestras decisiones no son asuntos morales, por lo que necesitamos tener una fuente aun más confiable de dirección.

Es por eso que el Señor ha dado a los creyentes el Espíritu Santo, quien nos guía de manera precisa en cualquier clase de decisión que debamos tomar. Él no solo trabaja por medio de la conciencia para hacernos conscientes del pecado, sino que también nos ayuda a elegir entre lo bueno y lo mejor. Cuando escuchamos su voz y obedecemos sus advertencias, Él agudiza y purifica nuestra conciencia para ajustarla más a la Palabra y a la voluntad de Dios.

Debemos reconocer que la conciencia tiene la capacidad de ser moldeada por nuestras respuestas; podemos dañar su confiabilidad al rechazar o ignorar sus advertencias. De manera que, prestarle atención nos hace más sensible a sus advertencias y nos protege mejor.

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