Mayo 24/25 

Cuando una nación da la espalda a Dios

2 Chronicles 33

Ezequías era un rey temeroso de Dios, que llevó a cabo una reforma entre los israelitas. Pero, su hijo Manasés fue un gobernante impío. Aunque había visto a su padre andar con Dios y vivir conforme a las Sagradas Escrituras, decidió ignorar al Señor.

Manasés adoró dioses falsos, incluso al punto de sacrificar a sus hijos en el fuego para exaltar a Moloc. Practicó muchas vilezas, entre ellas la brujería y la hechicería, y desvió a Israel provocando así la ira de Dios. El rey, junto con el pueblo, pagó un alto precio por su rebelión.

Esta historia enseña que el Señor no toleró el desprecio de una nación. Pensemos ahora en nuestro país. Nosotros, también, somos una nación que ha dejado a Dios de lado, dado la espalda al único Dios verdadero, y abrazado ídolos. Quizás no sean estatuas de piedra, pero adoramos el dinero, la destreza en los deportes, la fama y el estatus social, por nombrar solo algunos.

Estados Unidos de América fue fundado sobre principios bíblicos para garantizar la libertad de adoración. Pero con el tiempo, hemos sacado al Señor de muchos aspectos de la vida pública. La oración en las escuelas, por ejemplo, fue considerada inconstitucional. La que una vez fue una “nación bajo Dios” se ha convertido en un país que tolera un número cada vez mayor de pecados, y que desprecia la verdad absoluta.

Si un país le vuelve la espalda a Dios, su juicio será inevitable, a menos que se arrepienta y lo haga su Señor otra vez. Como cristianos, nuestra responsabilidad es orar para que Dios acerque de nuevo el corazón de nuestra nación a Él, y para que el evangelio se extienda por toda nuestra tierra.

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