4/5 Enero

Con la mirada fija en el propósito divino

Filipenses 3.13-15    

¿Alguna vez ha tratado usted de caminar en línea recta mientras mira sus pies? Hágalo en la playa para que pueda ver las pisadas que dejó atrás. Probablemente se sorprenderá al ver lo torcido del camino. Pero fije su mirada en algo lejano, y cada paso le dirigirá en la dirección deseada.

Nuestras vidas se asemejan a esto. Si nos fijamos objetivos, entonces nuestras decisiones, acciones y pensamientos nos conducirán a la meta deseada. En cambio, si nos pasamos la vida sin objetivos específicos, vagaremos y desaprovecharemos mucho tiempo y energías.

Tener metas es esencial en la vida. ¿Por qué, entonces, hay tantas personas que no son capaces de trazarse metas? Algunas simplemente no ven su importancia, mientras que otras son demasiado perezosas para idear un plan, o no saben cómo hacerlo. Además, están las personas que no tienen fe en la capacidad de Dios de ayudarlas a realizar sus aspiraciones.

Piense en las numerosas metas que tenía Jesús; ellas impulsaban todo lo que hacía. En realidad, su vida estuvo centrada en un objetivo primordial determinado incluso desde antes del comienzo del tiempo: entregar su vida en la cruz para salvar a la humanidad del pecado, y glorificar al Padre. Cristo tenía también objetivos para cada día, como enseñar a quienes buscaban la justicia y servir a los demás.

Imagínese el efecto que pudieran tener nuestras vidas si le pidiéramos a Dios que guíe nuestras metas. Pregúntele hoy: “¿Qué quieres cambiar en mi vida? ¿Qué deseas lograr por medio de mí? ¿En qué y en quiénes debo enfocarme?” Usted fue creado para glorificar al Señor, y para ser productivo en su servicio.

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