Mayo 3 

La filiación divina de Cristo

John 8:25-59

La afirmación de Jesús de que Él era el Hijo de Dios, desató la ira de los líderes religiosos. Pero su explicación de todo lo que implicaba su condición de Hijo nos ayuda a entender cómo hemos de actuar como hijos de Dios.

El Señor Jesús comunicó las palabras de su Padre al mundo(v. 26), y antes de ascender al cielo nos dio la misma tarea: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr 16.15).

Cristo no hacía nada por cuenta propia(Jn 8.28). Su condición de Hijo nunca implicó debilidad, pero sí requirió su entrega a la autoridad del Padre.

Él hablaba lo que el Padre le había enseñado(v. 28). Los cristianos no debemos depender de los sentimientos personales, sino ver lo que dice la Biblia, y confiar en ella.

Jesús hizo siempre lo que agradaba al Padre(v. 29). Ya no vivimos para los placeres, sino para buscar el gozo y las bendiciones de vivir en obediencia al Padre celestial.

Cristo no buscó su propia gloria, sino que honró al Padre(vv. 49, 50, 54). Asimismo, nosotros debemos humillarnos, y enaltecer al Señor en nuestros pensamientos y con nuestra conducta.

Él conocía a su Padre y guardaba su palabra(v. 55). Los cristianos tenemos el mismo privilegio de intimidad con Dios, y la misma responsabilidad de obedecer sus mandatos.

La oportunidad que tenemos de ser hijos de Dios es posible solo por la obediencia fiel de su Hijo. Cristo abrió la puerta para nuestra adopción, nos inundó de bendiciones de lo alto, y demostró cómo debemos vivir en la familia de la fe. Ahora nos toca a nosotros seguir su ejemplo. 

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