Julio 1

Un corazón limpio

SALMO 119.9-11    

Lograr nuestro máximo potencial comienza con un corazón limpio que ame a Dios y desee obedecerle. Sin embargo, todos hemos nacido con la inclinación a apartarnos de Dios. Jeremías 17.9 dice que el corazón es engañoso y perverso.

La salvación nos ha cambiado el corazón y la vida. La muerte de Jesucristo en la cruz pagó el castigo por nuestro pecado, y destruyó su poder sobre nosotros. Al recibir a Cristo como Salvador, cada uno de nosotros se convirtió en una nueva creación, con un corazón sensible a la dirección del Espíritu Santo, y una mente que desea intensamente conocer mejor al Padre celestial. También recibimos el poder del Espíritu Santo para negarnos a nuestros deseos egoístas y obedecer a Dios. Con el corazón limpio, podemos comenzar a darnos cuenta de las capacidades que nos ha dado el Señor.

La mejor manera de mantener el corazón limpio, es meditar en la Biblia. Ella actúa como un espejo en el que nos vemos como Dios nos ve. Por medio de ella, descubrimos los aspectos en los que hemos sido fieles, y en los que no. Expresar arrepentimiento sincero nos limpia y nos concede el perdón de Dios (1 Jn 1.9).

El corazón dirige nuestra mente, voluntad y emociones. Si nos esforzamos por mantenerlo puro, nos será más fácil discernir el plan del Señor, someter nuestra voluntad a la suya, y obedecerle.

Para llegar a ser la persona que Dios quiere que seamos, es necesario relacionarnos con Él y desear obedecer su Palabra. Aparte del Señor Jesús, no podemos lograr nada de valor duradero (Jn 15.5). Cooperar con la obra transformadora del Espíritu Santo nos ayudará a mantener el corazón limpio.

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