Febrero 10

Señor, te amo, pero…

HEBREOS 6.10-12

La mayoría de nosotros somos rápidos para decir que amamos a Dios, pero a veces nuestra disposición a servirle es otra historia. Piense sinceramente si alguna vez pensó o dijo: ¡Te amo, Señor, pero no me llames a hacer eso! O tal vez le sirvió, pero con una actitud incorrecta.¿Qué hace que seamos servidores renuentes?

Las ocupaciones: A veces, nuestras agendas están tan llenas, que no hay espacio para obedecer al Señor cuando nos llama a servir. Todos necesitamos tener “márgenes” de tiempo en nuestras vidas si queremos someternos a la voluntad de Dios.

El sentimiento de incompetencia. Quizás no se siente capacitado para servir, y piensa: Seguramente hay alguien con más talento que yo, que podría hacer ese trabajo. Pero eso es solo una excusa; el Señor promete equipar a quienes llama (2 Co 3.4-6).

El egoísmo. El servicio que implica un sacrificio nunca es cómodo. Puede exigir que cambiemos nuestros planes, renunciemos a nuestras comodidades, o incluso que hagamos sacrificios económicos.

La falta de amor. Lo que nos resulta más difícil de reconocer es que simplemente no nos importa lo suficiente. Nuestra renuencia a servir a otros revela una falta de amor al Señor. Quienes aman a Cristo con todo su corazón, le servirán con gozo ayudando a personas de su familia, su trabajo, su comunidad y su iglesia.

¿Es usted rápido para obedecer al Señor cuando surge una necesidad, o es un siervo renuente preocupado solo por sus propios planes y deseos? Cualquier servicio que haga en el nombre de Jesús no será en vano. Usted experimentará el gozo de dar, y la seguridad de que el Señor no olvidará su sacrificio.

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