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Encuentro con Jesús - 30 de Diciembre

  • 2013 Dec 30
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SALMO 81.8-16 

Dios nos llama claramente a escucharle, pero al igual que la nación de Israel, a veces hacemos caso omiso de su voz y nos privamos de sus bendiciones. Aprender a escuchar al Señor es mucho más importante que aprender a hablar con él. Por lo general, nos resulta mucho más fácil decir rápidamente una oración, que sentarnos calladamente con nuestras Biblias esperando escuchar lo que él quiere decirnos.

Puesto que la comunicación bidireccional es esencial en el desarrollo de una relación, ser capaces de escuchar la voz del Señor es parte vital de la vida cristiana. A veces tenemos la idea de que, al ser salvos, le conocemos automáticamente. Pero eso no ocurre en ningún tipo de relación. De la misma manera que llegamos a conocer mejor a otra persona mediante la comunicación, conocemos más al Señor escuchándolo y hablando con él.

Pero no solo necesitamos oídos para escuchar su voz; debemos tener también discernimiento para entender con precisión lo que Dios dice. él no es el único que quiere recibir nuestra atención. La gente que nos rodea está dispuesta a darnos sus consejos; Satanás susurra mentiras en nuestras mentes; y el mundo dice a gritos desde casi todos los aparatos electrónicos y medios de comunicación. Estar anclados en las Sagradas Escrituras agudiza nuestro discernimiento y nos protege del engaño.

¿Ha pensado alguna vez que al descuidar la lectura de la Palabra de Dios lo rechaza a él? El Señor clama continuamente: "¡Oh, si mi pueblo me escuchara" (Sal 81.13). él está listo y dispuesto a hablar con quienes se humillan, apartan tiempo para escuchar, y responden con obediencia a cualquier cosa que él les diga. El Señor clama continuamente: "¡Oh, si mi pueblo me escuchara".  

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