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Alimento Diario - 12 de Marzo, 2018

  • 2018 Mar 12
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Marzo 12

Leer Mateo 27:3-10

TREINTA MONEDAS DE PLATA

Entonces Judas Iscariote, que era uno de los doce, fue a ver a los principales sacerdotes, y les dijo: “¿Cuánto me darían, si yo les entrego a Jesús?” Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. (Mateo 26:14-15)

El precio de un esclavo. El precio de un cementerio. El precio de Dios.

Cuando Judas vio que habían condenado a Jesús, fue a devolver el dinero que los líderes le habían pagado por traicionarlo. “He pecado al entregar sangre inocente”, dijo (Mateo 27:4a). Como si el devolver las monedas de alguna manera lograría evitar que Jesús muriera.

Pero ya era muy tarde para eso. “¿A nosotros qué nos importa?”, le dijeron (Mateo 27:4b). El problema no era de ellos. No había lugar para el arrepentimiento. Ningún líder que se jactara de serlo iba a admitir su participación en el pecado, ni ningún sacerdote iba a ser tan fiel como para ofrecer misericordia al alma de Judas. Por lo que Judas salió y fue a ahorcarse.

Pero las monedas quedaron en el suelo, allí donde Judas las había tirado, y había que hacer algo con ellas. Por lo que se pusieron a buscar una solución, como si esa fuera la decisión más importante que tenían que tomar ese día.

Después de la debida deliberación, decidieron comprar un campo y utilizarlo para enterrar allí a los extranjeros que no tuvieran quien se encargara de ellos al morir. Así es que las monedas que llevaron a la muerte a dos hombres terminaron sirviendo para algo bueno.

Treinta monedas de plata. El precio de la recompensa por la vida de un esclavo muerto (ver Éxodo 21:32). El precio de un cementerio donde los más insignificantes de la sociedad habrían de encontrar un entierro decente. El precio del Dios que tomó forma de siervo: “… se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre” (Filipenses 2:7-11).

Oración:Gracias, Señor, por pagar el precio de mis pecados con tu vida. Enséñame y ayúdame a amarte así como tú me has amado. Amén.

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